El pasado día 6 de noviembre tuvo lugar, en Casa Seat, el primer encuentro empresarial de Manos Unidas bajo el lema “El impacto de la inversión social”. En él se expuso los casos de colaboración de tres empresas: Capgemini, Familia Torres y Tactic Key Consuting. Destacaron que la colaboración con Manos Unidas les ayuda a atraer y retener talento, mejora la reputación corporativa y la gestión de riesgos.
Manos Unidas, – organización a la que tengo cedidos los derechos de autor de mis libros sobre empresa familiar-, es una ONG creada -por un grupo de mujeres- hace más de 65 años con el objetivo de combatir el hambre, la pobreza y la desigualdad, mediante una economía más humana y sostenible. Está muy alienada con los conceptos actuales de Capitalismo Consciente y de Empresas con Corazón. Sus líneas de actuación giran en torno a dos ejes: despertar las conciencias mediante la educación y efectuar proyectos concretos de cooperación. En España en 2024 movieron un presupuesto de 48 millones de euros, de origen 84% privado, aplicado en casi 900 proyectos (40% en África) con impacto directo sobre un millón seiscientas mil personas. La principal área de actuación es la formación, para empoderar a las personas, seguida de la agricultura, salud e igualdad de género. Se centran en proyectos con efecto en cascada. El hecho de que su estructura se base en más de 6.000 voluntarios, frente a 157 empleados, permite que el 89% del presupuesto se destine directamente a proyectos sobre el terreno.
Colaboran con Manos Unidas España más de 800 empresas, que tienen claro que “compartir es la mayor riqueza”, y que buscan dar sentido al crecimiento con solidaridad. Las empresas que colaboran es conveniente que están concienciadas en medir su impacto social y las externalidades negativas. Y lo integren en su estrategia empresarial, pasando a liderar en lugar de ir a rebufo. Las empresas son agente de cambio y no pueden, como los avestruces, esconder la cabeza bajo el ala. Deben planificar como utilizar sus activos, materiales e inmateriales, para transformar el entorno; efectuando un análisis de doble materialidad, con el que se define el impacto financiero, ambiental, social y humano. Han de definir que quieren cambiar, porqué y para qué, y establecer los ICR (Indicadores Clave de Rendimiento) correspondientes.
Hay que acabar con los tópicos de que “las empresas son malas” y “las ONG son ineficientes”. Las buenas prácticas empresariales deben llevarse al mundo de la filantropía. También hay que evitar el socialwashing (comunicar para figurar). Hay que informar para transformar, poniendo el foco en compartir aprendizajes, encontrar colaboradores y explicar todo lo que queda por hacer. Actuar con colaboración aumenta el impacto. Al escoger con quién hacerlo es conveniente tener en cuenta el buen gobierno, las fuentes de inversión (aunque sean legales a los mejor no están alienadas con los valores corporativos), la transparencia, la tangibilidad de los proyectos, la reputación y antigüedad, y la sintonía personal. La colaboración puede ser económica, en conocimiento, productos o voluntariado. Es un trabajo de hormigas (todos coordinados) con efecto mariposa. El Índice Dow Jones de Empresas Sostenibles muestra de forma continuada que éstas tienen una rentabilidad mayor que le media.
Tal vez debemos plantearnos ¿Qué más podemos hacer para mejorar el mundo y la sociedad? Y ¿a qué estamos esperando?



