La caja es la reina. Con tesorería una empresa puede resistir, reinventarse o retirarse de forma ordenada. Sin dinero dura lo que un pez fuera del agua.
Entre los retos que ha de superar la empresa familiar podemos mencionar el relevo, los espacios de diálogo, la profesionalización y la financiación.
Las empresas familiares tradicionalmente son partidarias de reinvertir buen parte de los beneficios, o al menos de mantenerlos en caja para poder afrontar con tranquilidad tiempos turbulentos. Esto último no lo aceptan muy bien ni la legislación ni la inspección, al no considerar protegida fiscalmente la tesorería sobrante.
Para financiarse la empresa familiar puede recurrir además de a los fondos propios al sistema bancario tradicional, y cada vez más a los sistemas de financiación alternativos. Sobre estos se ha efectuado con el patrocinio de Prensa Ibérica una serie de conferencias. Este artículo es fruto de la asistencia a una de ellas.
La crisis de 2008 dio lugar a un auge de los fondos oportunistas. La reducción del número de entidades bancarias, favoreció su crecimiento. El número de fondos de inversión, capital riesgo… ha crecido tanto que se han segmentado especializándose en alto grado. Esto puede dificultar a una empresa familiar encontrar el adecuado para ella. Los hay especializados por dimensión de empresa, sector de actividad, o motivo de la inversión (facilitar salida socios o aumentar capital para crecimiento). Muchos alcanzan un muy elevado grado de profesionalización.
Su menor regulación les permite entrar en operaciones que están vetadas para la banca tradicional. No son las hermanitas de los pobres, sino que tienen un legítimo ánimo de lucro. De media acaban entrando en menos del dos por ciento de las operaciones analizadas.
Entre los elementos que valoran de la empresa encontramos el producto, el mercado, el plan de negocio realista e inteligible, las garantías, la complejidad del proyecto, la predictibilidad de la generación de caja (mayor en los sectores regulados que en el retail), el nivel de apalancamiento sobre Ebitda (entre 2,5 y 7 veces, según sector), el equipo directivo, los accionistas y sobre todo el plan de salida.
La empresa familiar tiene un horizonte temporal generacional. Por eso, según qué tipo de fondo puede encajar mejor o peor. La cuestión no es sólo financiera, sino también de alineamiento temporal y cultural.
Los hay que quieren mayoría del capital y los que no. Los hay más activos en el gobierno, y otros menos. No necesariamente han de entrar en el capital, pueden articularse a través de instrumentos como los préstamos participativos.
Básicamente buscan empresas con un beneficio operativo superior a los dos millones de euros. Fruto normalmente de una facturación cercana a los diez millones. Excepción son las empresas que compran para incorporar a un proyecto sectorial vertical de “build up” (consolidación sectorial), es decir de agregar empresas del mismo sector para crear una más grande.
Los motivos para que una empresa familiar de entrada a un fondo alternativo pueden ser muy variados. Desde la salida de un socio, a la venta de la empresa. Pasando por financiación o acompañamiento en un proceso de crecimiento. Y en algunos casos mejorar la profesionalización y estructura de gobierno. Los fondos ya no son sólo una fuente de capital, pueden ser unos socios estratégicos incorporando visión externa en la empresa familiar.
La mencionada cuestión de la tesorería sobrante puede tener implicaciones patrimoniales y fiscales enormes. Una acumulación excesiva de liquidez o inversiones financieras dentro de la sociedad operativa puede poner en riesgo el régimen de empresa familiar y obligar muchas veces a separar actividad operativa, holding e inversiones patrimoniales.
La empresa o familia puede fijarse en los fondos de inversión alternativos no para obtener financiación, sino para diversificar patrimonio. Puede haber una concentración de riesgo en el negocio original que haga aconsejable crear un patrimonio empresarial multigeneracional diversificado. Ahí los fondos alternativos pueden aportar diversificación, aprendizaje y acceso a oportunidades, pero también introducen iliquidez, complejidad y nuevos riesgos de gobierno. Como en el matrimonio, acertar con la pareja es esencial. En empresa familiar, elegir un fondo es decidir con quién se comparte parte del futuro de la compañía y, en muchos casos, de la propia familia. La financiación alternativa puede fortalecer a la empresa familiar, pero obliga a pensar no sólo como empresarios, sino también como gestores de patrimonio y de relaciones de largo plazo.



