PODA EN EL CORTE INGLES (VIAempresa 5/3/21)

Se acaba la saga. En noviembre de 2017 escribí una columna en VIA Empresa llamada ¿Guerra familiar en el Corte Inglés? Con la de hoy ponemos fin a este capítulo de una de las principales empresas familiares españolas. Isidoro Álvarez, sobrino del fundador Ramon Areces, murió, de forma repentina, en 2014. Lo sucedió en la dirección del Corte Inglés su sobrino Dimas Gimeno. Dejó su 22% de acciones, mediante la sociedad IASA, a sus hijas adoptivas Marta y Cristina y a Dimas, y a la madre y tío de este. Dimas y su madre demandaron a las primas por la herencia y por vaciar patrimonialmente IASA. Por este motivo esta estuvo tres años sin repartir dividendos.

Según la legislación de la Comunidad de Madrid, las hijas estaban exentas del impuesto de sucesiones por las acciones de la empresa familiar, pero el sobrino tenía que pagar un 30%, es decir 70 millones de euros (valoración de la sociedad a efectos fiscales de 4.666 millones de euros). Obtuvo un aplazamiento durante 10 años, con 5 de carencia; por lo que tuvo que presentar aval bancario, obtenido pignorando las acciones. Así pues, sino se hace frente al primer pago de julio, las acciones pasarán a ser del Banco de Santander.

El 14 de junio de 2018, Dimas es destituido como presidente, dice que para denunciar corrupción interna. Lo sustituye Nuño de Rosa, hombre de la casa y primer presidente no familiar. En septiembre de 2019, Dimas pide 500 millones por la participación del 5% indirecto de su madre y de él, cosa que significaba valorar El Corte Inglés en 10.000 millones de euros, ante los 7.000 millones a la operación de entrada catarí en 2018. A finales de 2020, rebaja la petición a 180 millones (valor sociedad 3.600).
Finalmente se ha llegado a un principio de acuerdo de 145 millones de euros (valor 2.900). Parece que el precio ha sido el que corresponde a época de rebajas. Ya dijo Francisco de Quevedo que «solo el necio confunde valor y precio». Este es fruto de una negociación en la cual pueden intervenir factores como la necesidad de vender para hacer frente al pago del impuesto de succiones, hecho que nos recuerda que no es el mismo patrimonio que dinero.

Las acciones las compra directamente El Corte Inglés, con autorización de sus bancos acreedores, y acabarán de momento en autocartera. El pago es aplazado a tres años. Y la operación está condicionada a la retirada de todas las demandas existentes entre accionistas. El hecho de que las acciones no fueran directamente del Corte Inglés, sino mediante una participación minoritaria a una sociedad con las primas hacía difícil encontrar un comprador externo. Y es que la participación minoritaria en una empresa familiar no cotizada no tiene venta fácil.

Confiamos que con el cierre de este frente de enfrentamiento entre accionistas, mediante los que se conoce como «poda» (compra de las acciones de una rama o subrama familiar para limpiar el árbol), El Corte Inglés podrá centrar su atención en el negocio, que está sufriendo una tormenta perfecta formada por la pandemia y el cambio estructural del retail y del modelo de negocio de los grandes almacenes. Digo confiamos porque, según el dicho, «no digas trigo hasta que no esté en el saco bien atado y mira que no esté agujereado».

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