¿VENDER LA EMPRESA FAMILIAR? (Expansión 29/10/23)

Saben aquell que diu que vender la empresa familiar es la mejor forma de profesionalizarla, maximizar la riqueza y reducir los conflictos familiares.

De forma periódica, al menos una vez en cada generación, al planificar el relevo, la familia empresaria se ha de plantear una cuestión tan importante como el shakesperiano ¿ser o no ser? de Hamlet. ¿Continuamos, vendemos o cerramos el negocio familiar?

Una de las condiciones definitorias de una empresa familiar es la vocación de continuidad; pero continuar ha de ser una opción, no una obligación. La decisión puede ser emocional, pero conviene racionalizarla en lo posible.

La primera cuestión es determinar si el negocio es rentable, viable y atractivo. En caso negativo ¿podemos reformularlo? Si la respuesta es “no” más vale venderlo antes que tenerlo que cerrar. En caso afirmativo ¿Tienen los continuadores voluntad libre y consciente de continuar? Si la respuesta es “si”, ¿están capacitados? En caso negativo ¿pueden capacitarse?

Si el negocio es rentable y hay capacidad y voluntad de continuar. ¿Todos juntos o haciendo poda? Ha de haber una proporción entre la dimensión de la empresa y de la familia propietaria. A veces es mejor hacer podas al planificar el relevo que dejarlas en manos de la siguiente generación. ¿Tienen todos voluntad sincera de continuar en comunidad? ¿Porqué? Si vamos a continuar ¿Qué previsiones hacemos de incorporación de la familia al negocio, de reparto de beneficios, o liquidez de las participaciones? ¿Qué estructura de gobierno de la empresa y de la familia establecemos?

Las preguntas pueden ser genéricas para cualquier empresa familiar, pero es cada familia empresaria la que ha de encontrar sus respuestas concretas, porque cada empresa es un mundo y cada familia mucho más. Gestionar una empresa es ya de por si un reto, hacerlo de una familiar en segunda y posteriores generaciones mucho más; porque además de al negocio, hay que destinar tiempo de calidad a gestionar las relaciones familiares. Un externo puede aportar objetividad y metodología, pero es la propia familia empresaria la que ha de decidir su futuro, porque es ella la que tendrá que vivir con las consecuencias de su decisión.

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