OBJETIVOS DE LA FAMILIA EMPRESARIA (L’econòmic 1/12/25)

El cambio de año suele estar asociado al establecimiento de objetivos, tanto en el ámbito personal como empresarial o familiar. Pero para que estos objetivos lleven al éxito hace falta, entre otras cosas, que sean eSpecíficos, medibles, alcanzables, relevantes y temporales (SMART). En las familias empresarias esta metodología es muy conveniente tenerla en cuenta porque tienen que convivir intereses profesionales, patrimoniales y emocionales.

Las familias empresarias de éxito que conozco suelen coincidir en cinco grandes objetivos.

Felicidad de la familia. Una familia enfadada, desunida acaba con cualquier buen negocio. La familia es lo primero, pero tienen claro que el que es bueno para la empresa a la larga es el mejor para la familia. Saben gestionar de forma positiva los inevitables conflictos que surgen en cualquier relación a largo plazo. Y lo hacen practicando de forma preventiva una comunicación asertiva y empática -el que es más fácil de recomendar que de hacer. Esto lo hacen institucionalizando espacios de comunicación adecuadas a la empresa y a la familia. Estos encuentros, a menudo mensuales o trimestrales, sirven para crear confianza, revisar preocupaciones y prevenir malentendidos que, si no se abordan a tiempo, pueden acabar contaminando las relaciones familiares y la toma de decisiones empresariales.

Continuidad de la empresa. Idealmente en manos de la familia, pero tienen claro que esto es una opción no una obligación. Quizás lo más adecuado es vender la empresa para empezar nuevos negocios. Tienen claro que el negocio tiene que ser viable y con futuro. Que las estructuras y sistemas de decisión tienen que tener un funcionamiento profesional. Están abiertas a la innovación, respetando la tradición. Como El Gatopardo, saben que “todo tiene que cambiar porque nada cambie”: el negocio se tiene que adaptar para continuar teniendo futuro. En este sentido, la planificación a tiempo de los relevos en la propiedad, gobierno y dirección son claves. Cuando estas decisiones se dejan para más adelante, suelen aparecer tensiones internas que podrían haber sido evitadas con un calendario de relevo claro y conocido por todo el mundo.

Formación de continuadores. Como personas con valores. Con capacidades y habilidades adecuadas a los roles que tengan que desarrollar en la empresa o en la vida. El deseo de que quieran continuar como propietarios y, en su caso, implicados en la empresa respeta su capacidad de decisión responsable. Saben que la formación empieza en el crisol familiar, y que hay que planificarla a tiempo. Son conscientes que la adquisición de experiencias fuera del entorno familiar, empresarial y no, es fundamental para tener una mente abierta y realista; y para legitimar a los siguientes líderes. Las familias que facilitan este proceso acostumbran a ver como los continuadores vuelven con nuevas ideas, mentalidad crítica y una visión más amplia del mundo empresarial; lo que no siempre es fácil de aceptar por los predecesores.

Legado transmitido de generación en generación. Algo que se ha recibido de los predecesores para pasar fortalecido a los continuadores. Legado material, pero también inmaterial. Formado este por los valores y el marchamo del hacer. Legado que se manifiesta en un orgullo de pertenencia, que es uno de los elementos claves para la continuidad del proyecto empresarial en la familia. Tienen una visión a largo plazo de las consecuencias de sus decisiones. Dejan constancia escrita de este legado para evitar que con el paso de las generaciones se pierdan los valores fundacionales y la historia; que pueden ser brújula por los continuadores. La diferencia entre la prehistoria y la historia es la escritura.

Impacto positivo en el entorno. social y ecológico. Son conscientes de su arraigo en el territorio. De la importancia de su buen hacer empresarial por el desarrollo de la sociedad y de las personas. Saben que tienen que ganar dinero, pero no a cualquier precio. Establecen indicadores claves de rendimiento de este impacto. El impacto en el entorno tiene una importancia creciente para las nuevas generaciones. Este compromiso se puede traducir en acciones de sostenibilidad, políticas laborales responsables o proyectos comunitarios que refuerzan la reputación familiar y empresarial.

Conviene que cada familia empresaria aproveche el cambio de año para revisar de forma consensuada con participación de todos sus integrantes -sean accionistas o no-, sus objetivos, explicitándolos. Que revise como se ven reflejados en su constitución (protocolo) familiar. Este ejercicio ayuda a actualizar expectativas, reforzar el compromiso y a adaptarse a los nuevos retos que el mercado y cada generación lleva inevitablemente con ella.

Comparte este artículo a través de tus redes sociales: