FELIZ NAVIDAD (Expansión 22/12/25)

Otra vez Navidad, es tan repetitiva que fácilmente puede dejar de sorprender. Un 20% de los catalanes no saben que se celebra en Navidad. Se celebra la venida de Dios hecho hombre. Y lo hizo naciendo en un pesebre y huyendo a Egipto; para acabar muriendo crucificado: “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Juan 15:13).

La Navidad está vinculada al solsticio de invierno, no de forma casual sino para resaltar que la luz vence a la oscuridad. “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8,12). Por eso las calles se iluminan; pero unas fiestas de alegría y reencuentro se están convirtiendo en una mercantilización estresante de los sentimientos donde la pasión compradora de muchos contrasta con aquellos que no tienen lo necesario.

Menos importante religiosamente que la Pascua de Resurrección, la supera en visibilidad social. Puede ser un buen momento para reflexionar sobre la necesidad de la religión.  El 84% de la población mundial tiene sentimientos religiosos, para entender el porqué de nuestra vida terrenal y el más allá. Principalmente con la religión cristiana, creciendo con fuerza en Asia y África más por los evangelistas que por los católicos, seguida por la islámica acortando distancias. El 49% de los catalanes se declara agnóstico o ateo; y de los católicos solo el 30% practicante. Los jóvenes creyentes son más practicantes que la media. En global los musulmanes y evangélicos más que los católicos.

Se felicita con “buenas fiestas” para evitar la “Navidad”. Muchas escuelas instalan “decoración de invierno” evitando símbolos cristianos. El revisionismo laicista lleva a eliminar el “mossen” del parque “Cinto Verdaguer” de Barcelona; el tió y el árbol están ganando terreno al Belén, que en Barcelona en el 2024 paso a esconderse pasando de la plaza de Sant Jaume al interior del ayuntamiento. El laicismo no es ser antirreligioso, sino separar la religión del estado. Por muchos esfuerzos que se hagan para prescindir de la Iglesia está en el corazón de nuestra historia y valores. Es imposible pensar que la Navidad no va con nosotros.

“Iglesia católica” quiere decir en griego “asamblea universal”, somos por lo tanto todos iguales con independencia del sexo, nacionalidad, creencias, raza u otras cuestiones. Cristo nos considera a todos iguales y se dirige a los pobres y oprimidos; pero la Iglesia como institución en gran parte de su historia lo ha sido de los ricos y poderosos. Se ha usado a Dios como excusa para muchos desmanes. Ello no ha impedido que en su seno surjan movimientos como el franciscano, cercanos al espíritu fundacional.

Como ha dicho León XIV “hoy también son muchos los contextos en los que la fe cristiana se tiene como un absurdo, algo para personas débiles y poco inteligentes, contextos en los que se prefieren otras seguridades distintas a la que ella propone, como la tecnología, el dinero, el éxito, el poder o el placer. Hablamos de ambientes en los que no es fácil testimoniar y anunciar el Evangelio y donde se ridiculiza a quien cree, se le obstaculiza y desprecia, o, a lo sumo, se le soporta y compadece. (….) No faltan tampoco los contextos en los que Jesús, aunque apreciado como hombre, es reducido solamente a una especie de líder carismático”.

Ser católico no es tanto una cuestión de creer o asistir a misa como de hacer, lo que incluye amar a los contrarios. “Cristo no pude estar secuestrado en las sacristías”. Interrogado por los fariseos sobre cuándo llegaría el reino de Dios, Jesús les respondió: «No vendrá el reino de Dios con espectáculo, ni dirán: “vedlo aquí” o “allí”; porque, mirad, el reino de Dios ya está en medio de vosotros» (Lucas 17:20-22). San Pablo dijo “que vuestra amabilidad sea conocida por todos …. estad siempre alegres”. (Filipenses 4,4-5)

¡¡ ALEGRE NAVIDAD!!

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