CONTRA LAS CUERDAS (Viaempresa 3/4/20)

Ante los muertos por el COVID-19 puede parecer obsceno pensar en la economía. Pero después de la emergencia sanitaria vendrá la económica. Las medidas aprobadas por los que alentaron las manifestaciones del 8M, es decir el Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias (el que dijo el 4/11/19 que «España no es una república bananera que depende de que un «señorito» vaya dando cosas» en relación a Amancio Ortega), de apoyo a las empresas, que en muchos casos tienen cero euros de ingresos del 16/3, se pueden resumir en avales para pedir créditos con los que poder continuar pagando los impuestos y cotizaciones sociales (para las pymes se da un aplazamiento de hasta 30.000 euros durante 6 meses), permiso retribuido para los trabajadores con cargo en la empresa y encarecimiento de los aplazamientos. Ah si, y unos ERTEs que finalizan automáticamente el mismo día que el Estado de alarma. Los remedios pueden ser peores que la enfermedad. No hay liquidez y sí pérdidas; el endeudamiento no es solución. Además, para obtener los créditos bancarios se tiene que seguir un procedimiento; cuando hubiera sido muy rápido y eficaz aplazar durante dos años, sin intereses y con seis meses de carencia el pago del IVA y las cargas sociales del primer trimestre.
China sólo paró una parte del país, aquí se ha acabado imponiendo la teoría del MHP Torra (que alentó la concentración del 28/2) y hemos sobrereaccionado cerrando casi todo. En la Gran Recesión pasamos de 100 a 50; ahora la mayoría de las empresas han caído a prácticamente a 0. La crisis puede ser peor que la anterior. Cuando finalice la alarma será necesario un plan de choque para reactivar el consumo, en definitiva se tendrá que gastar como nunca, lo que hará aumentar la deuda pública que acabará monitorizándose, lo que quizás creará inflación. Y se tendrá que pagar la factura de todo esto antes o después (en buena parte las generaciones futuras, es decir nuestros hijos). La técnica que se seguirá es la de Jean Baptiste Colbert (1619-83) que dijo que «cobrar impuestos es un arte, se tiene que desplumar el ganso de forma que se pueda obtener el máximo de plumas con el mínimo de chillidos».
Frente a todo esto los empresarios, una vez asegurada la salud de las personas, tienen que transmitir confianza comunicando, prestar atención a la liquidez gestionando la tesorería, recuperar rentabilidad reduciendo gastos y con creatividad un plan de choque comercial, y prever los escenarios y planes de acción a largo plazo. En el caso de las empresas familiares quizás es importante implicar en las decisiones a largo plazo en la siguiente generación propietaria.
Que desaparezcan puestos de trabajo es malo, que desaparezcan empresas peor porque volverlas a crear cuesta mucho, y no siempre es posible. Que Dios nos coja muy confesados y con buenos abogados laborales y mercantiles. Cómo dice el vídeo de la organización «ciudadano del mundo soy»: «Ser empresario no es para cualquiera».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *