CASARSE BIEN (Viaempresa 13/8/20)

Una de las decisiones más importantes de la vida es con quién se establece relación de pareja. Desde el descubrimiento de la penicilina para el doctor Fleming, aquello de «hasta que la muerte os separe» se puede hacer muy largo. La decisión no siempre es tomada con racionalidad; y es que el ser humano es, gracias a Dios, un ser sentimental. Con el paso del tiempo el efecto halo es sustituido por la realidad, y «aquella graciosa peca se puede convertir en una asquerosa verruga».
Hay quién cuando piensa en casarse bien, piensa en el título del libro Al patrimonio por el matrimonio de Cyril Northkote Parkinson, más conocido por su ley en la que «el trabajo se expande hasta ocupar todo el tiempo disponible» y es que un «buen golpe de bragueta» puede cambiar el futuro económico, si bien con más dificultades en los territorios de regimiento económico matrimonial de separación de bienes, o cuando esta está establecida por capitulaciones matrimoniales al resto. Hay que recordar que el dinero, si bien ayuda, no da la felicidad.
Casarse bien es importante, porque en otro caso el comentario insistente negativo en posición horizontal puede convertirse en la mal llamada «gota malaya» (china en realidad). Imaginemos una situación ficticia en la que cada día se recibe un golpe de codo acompañado de «ya te lo decía yo, mira tu hermano».
Casarse bien siempre es importante, pero todavía mucho más en las familias empresarias. Porque de la decisión puede depender además de la felicidad personal, el patrimonio familiar, y el futuro de otras muchas familias. La pareja de aquel que trabaja en la empresa de la familia tiene que saber comprender la abducción que la empresa puede hacer, y tiene que ayudar a encontrar la metadona que facilite el desenganche del trabajo adicción; que es necesario para hacer el relevo en vida. De la pareja puede depender también muchos de los valores que se transmiten a la siguiente generación, y el grado de aprecio hacia la empresa familiar.
Todas las empresas familiares, antes o después tienen que hacer frente a situaciones de crisis, bien sea por causas endógenas o exógenas. Sin querer entrar en política, y con todo el respeto del mundo, quiero hacer algunas reflexiones utilizando un ejemplo que todos podemos tener en mente: la familia real española. Si bien es cierto que no es exactamente una familia empresaria, aunque algunos lamentables hechos económicos recientes puedan darnos la impresión de que sí. Pero tienen en común la voluntad de influir en la estrategia y la de continuidad.
Las parejas aportan a la familia empresaria sus valores, conocimientos y experiencia. Qué peso puede haber tenido la experiencia familiar de la reina Sofía en la posición del rey emérito Juan Carlos I y el 23-F? Ella vivió de primera mano la posición de su hermano, el rey Constantino II de Grecia, ante el llamado «golpe de estado de los coroneles», y las consecuencias que supuso. Qué peso puede tener el pedigrino de la Reina Letícia, en la actuación del rey Felip VI en unos momentos en qué muchos quieren tumbar la institución? Si bien cierto que no podemos dar respuesta segura a estas cuestiones, lo que si es cierto es que la pareja que escogemos, o nos escoge, es esencial. Más vale casarse bien.

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