PARA GUSTOS COLORES (Diari de Terrassa 28/10/22)

“Yo he visto cosas que vosotros no creerías. Atacar naves en llamas más allá de Orion. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser» con estas palabras empieza el diálogo final del replicante Roy Batty en Blade Runner. Sin llegar a estos extremos, lo mismo podría decirse en relación a algunos casos de familias empresarias a las que he ayudado. Desde la unidad más grande, del diálogo sincero sobre los temas de familia empresaria al tabú de estos, de la valentía para superar los conflictos a mantenerlos enterrados. He visto familias en las que los añadidos son tratados como apestados en relación a la empresa familiar y otras en las que son invitados a incorporarse sin análisis. Retribuciones claramente por debajo o por encima del mercado, igualitarismos –incluso en los vehículos del director comercial y de producción-, y retribuciones en función de responsabilidades y resultados según mercado. Techos de cristal para los no familiares, y exclusión de familiares del trabajo en la empresa.

Familias empresarias multigeneracionales que respetan las normas establecidas de palabra por los fundadores, y otras con protocolos elevados a los estatutos y que acaban en los tribunales. Protocolos hechos por la familia con diálogo y revisados de forma periódica, y otros encargados a despachos y que nadie sabe dónde están.

Unas en las que en la sobremesa no se habla más que de la empresa, y otras en las que el tema está vetado en cualquier encuentro familiar. Incorporación de familiares con creación de vacantes ad-hoc y requisitos que tiran para atrás. Políticas de dividendo cero, fijo o en proporción a los resultados. Jubilados que continúan al pie del cañón hasta el último día, y otros que emprenden nuevas actividades. Administradores solidarios que firman todo lo que les pone por delante. Gente que se afeita y es tratada como si llevase pañales. Quien traspasa la propiedad en vida para evitar costes fiscales, y quien no da nada porque cree que “músico pagado toca mal”.

Familia empresarias que por un exceso de confianza o una falta de diligencia relajan los controles, dando oportunidad a traidores; y otras tan desconfiadas que limitan su crecimiento. Consejos de administración en los que está mal visto tomar notas y otros en los que se envía información con antelación. Predecesores que hacen poda para evitar desavenencias graves y otros que dice “ya se las arreglaran cuando yo falte”. Los que quieren dejarlo todo atado y bien atado, y los que no hacen ninguna previsión.

Familias empresarias en las que los primos casi no se conocen, y otras en las que la convivencia y conocimiento son intensos. Que planifican la afectación y formación de los continuadores, y otras que las dejan al designio de los dioses o las aplazan a calendas griegas. Unos que siguen al pie de la letra el “zapatero a tus zapatos”, y otras que apoyan el emprendimiento de las nuevas generaciones. Quienes dan salida justa y viable a los socios que lo desean, y los que consideran una traición dejar la empresa familiar.

Continuadores que dejan la empresa al cabo de unos años porque su voluntad está en la música, y otros que parecen castigados por Prometeo. Hermanos que no se incorporan para evitar conflictos, y otros que lo hacen para solucionarlos.

Familias empresarias abiertas dispuestas a compartir sus experiencias, sabiendo que en la historia hay de todos los colores; y otras tan cerradas que no es que limpien la ropa sucia en casa, sino que sólo quieren transmitir una historia Disney de los “mundos de Yupi”. Unas que se la quieren hacer solo en relación a los temas de familia empresaria, pasando del “ya lo haremos” al “ya nos lo haremos”; otras que esperan soluciones milagrosas externas; y otras abiertas a recibir consejo para tomar las decisiones más acertadas a largo plazo, teniendo en cuenta a la empresa y a la familia. Unas que ponen por delante la empresa a la familia, y otras que lo hacen al revés. Unas que sólo se mantienen unidas en el negocio heredado, y otras que tienen como norma dar oportunidad de participar a todos en los nuevos negocios que cualquier miembro de la familia plantee.

Hay de todo en la viña del Señor. Los extremos suelen ser lo que más llaman la atención, y es el centro la que debería servirnos de guía. Porque entre e blanco y el negro hay muchos tonos de gris; en el punto medio está la virtud. Por lo tanto, yo lo tengo muy claro, puedo dar opinión y consejo, pero las decisiones corresponden a las familias empresarias; porque para gustos, colores.

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