EL RETO DE LA INMIGRACIÓN
Las familias empresarias tienen que pensar a escala generacional (25 años vista). Uno de los principales retos a los cuales tienen que hacer frente es el de la asimilación de inmigración, que afecta a la sociedad, las familias y empresas. La cuestión no es sencilla de resolver; es espinosa, pero hay que poner negro sobre blanco para avanzar en un debate en el cual conviene llegar a una solución de consenso. Dicen que un problema bien definido está medio resuelto; empezamos, por lo tanto, por los datos.

El origen de la población inmigrante española es: 36% iberoamericana (30% en Cataluña), 34% Unión Europea, 15% norte África (18% en Cataluña), 4% resto Europa, 4% subsahariana, 3% Extremo Oriente. La migración africana se dirige hacia Europa en lugar de a los ricos reinos petroleros árabes porque en estos las oportunidades laborales son menores, con condiciones más duras y sin libertades básicas.
Teniendo en cuenta la diferencia de PIB per cápita (África entre dos y siete mil dólares según país), y el casi doblaje de la población africana parece que la presión migratoria puede ser más alta del previsto.
Pero hay verdades, mentiras y estadísticas; si una persona se come un pollo y otro no, de media han comido medio cada una. Salt (Girona) tiene un 42% de población inmigrante.
En Cataluña se oye decir, más de una vez, cosas como «los murcianos y andaluces se integraron, pero los negros y moros no lo hacen»; estos comentarios apoyan algunas opciones políticas que basan en buena parte su discurso en la cuestión de inmigración o identitaria.
La cuestión de la inmigración tiene dos frentes: la atracción y la integración. Para frenar la atracción se puede actuar de dos formas: poniendo impedimentos o bajando la motivación. ¿Hasta qué punto se puede mantener la política de reagrupamiento familiar? ¿Y los beneficios sociales universales? Poner impedimento puede significar cosas como los muros, concertinas, deportaciones, o destrucción de «cayucos» antes de que salgan, por ejemplo. Puede servir para desviar el agua, pero no impide la inundación.
Los motivos de la inmigración no de la Unión Europea son principalmente: condiciones económicas precarias, conflictos y crisis humanitarias, falta de oportunidades, cambio climático y desastres naturales, en los países de origen, o reunificación familiar. Hay que actuar sobre las causas, y esto puede suponer inversiones en infraestructuras, apoyo al emprendimiento con microcréditos y a las pymes, educación y formación profesional, servicios de salud, entre otros, en los países de origen. Pero para que las ayudas y acciones sean efectivas se tiene que hacer frente a fuertes impedimentos de corrupción, debilidad institucional, inseguridad jurídica, inestabilidad política y conflictos, fuertes desigualdades económicas, excesiva dependencia de ayuda externa. Hace falta, por lo tanto, establecer fuertes y claros mecanismos de rendición de cuentas, promover la descentralización de la gestión involucrando a la sociedad civil, la estabilidad política y la seguridad jurídica (Marruecos y Ghana pueden ser ejemplo). ¿Estamos dispuestos a destinar el diez por ciento del PIB durante los 25 años próximos a promover el desarrollo africano para reducir la presión migratoria? ¿Qué porcentaje?
La integración tiene diferentes facetas: racial, cultural/religiosa e idiomática; que pueden tener diferente grado de dificultad según el país de origen. Tenemos que aprender de nuestro vecino francés y establecer programas de integración efectivos de educación, vivienda, asistencia social, campañas de sensibilización por los inmigrantes y naturales. Las campañas informativas a los potenciales inmigrantes de los riesgos y oportunidades, y de las vías legales pueden ser importantes, como también los programas de retorno voluntario.
En definitiva, necesitamos inmigración para cubrir puestos de trabajo (los empresarios se quejan de forma continua de que coste cubrir vacante), combatir el envejecimiento de nuestra sociedad y mantener el estado de bienestar; y tenemos que asimilar a los inmigrantes como iguales. Para reducir la inevitable presión migratoria africana hay que invertir en los países de origen para desincentivar. Ante la inmigración ilegal se puede deportar, confinar o legalizar, lo que es inhumano es dejar en un limbo jurídico porque se busquen la vida de forma ilegal.
El imperio romano cayó por la invasión de los bárbaros. El chino fue levantado por los inmigrantes mongoles. Podemos cerrar los ojos a la realidad, plantear soluciones buenistas, o hacer frente al reto. Las familias empresarias tienen que decidir qué papel quieren jugar.



