CONFUSION DE CAJAS (El Heraldo de Aragón 23/1/22)

Uno de los demonios que asaltan a las empresas familiares es el de la confusión, y una de sus manifestaciones es la confusión de cajas. De caja personal y empresarial, o de caja de los diferentes negocios. En momentos de crisis, como los actuales para muchas empresas y familias, la tentación es muy fuerte; y puede actuar en cualquier sentido. Es muy tentador estirar de la caja de la empresa para hacer frente a las necesidades familiares, o aportar dineros del patrimonio personal para salvar la empresa. Sin querer ser exhaustivo, quiero hacer algunas reflexiones respecto a la confusión de cajas.
Que haya dinero en la caja no quiere decir que este sea disponible; hay que recordar que se ha de hacer frente a pagos y que el saldo real después de hacer frente a todas las obligaciones a lo mejor es negativo. Más de un negocio tiene caja gracias al hecho de que el plazo de pago a proveedores es más largo que los días de inventario y cobro de clientes; y al bajar las ventas el denominado “crédito espontaneo” se reduce y afloran tensiones de tesorería. Más de un negocio se ha encontrado que ha dispuesto del IVA recaudado para hacer frente a pagos.
El reparto de beneficios ha de hacerse después de aprobar las cuentas; y si son a cuenta del ejecicio en curso el artículo 277 de la LSC establece los requisitos, entre los que está el de que haya liquidez suficiente para la distribución. Los propietarios han de saber que pueden tener que responder con su patrimonio personal de los beneficios distribuidos en los últimos dos años, sin necesidad de que haya mala fe. Los préstamos de la empresa a propietarios han de ser en condiciones de mercado.
En el caso de una empresa utilice el dinero de otra podemos estar frente a lo que se conoce como funcionamiento de caja única. Este hecho puede suponer el levantamiento del velo, es decir de la separación de responsabilidades patrimoniales entre empresas y la que vaya bien puede tener que hacer frente a las obligaciones de la que vaya mal. Siempre que se deje dinero entre empresas del grupo se ha de hacer de la forma jurídica y contable oportuna; por ejemplo subiendo beneficios a la matriz, o con documento de préstamo a condiciones de mercado, que mejor si está protocolizado.
Aportar dinero del patrimonio personal o dar garantías personales para salvar el negocio está muy bien; sobre todo si acaba bien. Pero se ha de prestar mucha atención a no poner dinero bueno sobre un negocio malo. Conviene añadir racionalidad, con asesoramiento independiente; porque los que están implicados en el día a día pueden estar cegados por los sentimientos.
Hay que tener en cuenta que el demonio de la confusión de cajas puede afectarnos no a nosotros sino a las personas en las que más confiamos (“sólo te puede engañar aquel en quien confías”). Que hasta pueden caer en la tentación con la buena intención de evitar darnos un disgusto (“el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”): “¿qué mal puede haber en pagar las nóminas de la empresa 1 con la caja de la empresa 2 del mismo propietario, y así evitar otra noche de insomnio al jefe o hermano que no duerme pensando en cómo recuperar ventas…?” pueden pensar algunas personas.
También conviene no refiarse a ojos cerrados de la operativa bancaria. Conozco de primera mano el caso de una oficina bancaria en la que se movieron unos cuantos millones de euros entre cuentas de diferentes sociedades de un mismo grupo empresarial siguiendo instrucciones de un administrativo de máxima confianza, bienintencionado, perso sin ningún tipo de poder bancario. El banco alego “actos en beneficio propio” del grupo cuando una de las empresas hizo concuros y salieron a la luz los movimientos.
En resumen, para evitar confusiones de caja conviene recordar que “la caja es la reina”, que mientras hay caja hay esperanza, porque hay tiempo para reaccionar. Conviene recordar también que los dineros se van más deprisa de lo que vienen, y que por lo tanto conviene hacer previsiones de tesorería. Y finalmente comprobar de propia mano los saldos y disposiciones de créditos que indica que la contabilidad coincide con la realidad; porque como todo el mundo sabe “en contabilidad las existencias se conocen como inventario, porque pueden estar inventadas”.

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