RELEVO CON HUMOR EN LA EMPRESA FAMILIAR (Expansión 26/5/22)

Saben aquell que diu que el príncipe Carlos de Inglaterra va al notario y le dice “vengo a hacer testamento, se lo quiero dejar todo a mi madre”. Y es que en las empresas familiares a más de uno se le puede pasar el arroz, con el aumento de la esperanza de vida. En más de una empresa familiar me encuentro con tres generaciones conviviendo.
Alguien podría pensar que monarquía y empresa familiar tienen poco que ver, pero en ambas una familia tiene vocación de continuidad y ha de producirse un proceso de relevo, que puede ser planificado o imprevisto. El 12 de mayo de 2014 publique en Expansión Catalunya un artículo en el planteaba la necesidad de que el rey Juan Carlos I cediese su responsabilidad constitucional en su hijo; poco más de un mes después, el 18 de junio, abdico. Seguramente entre ambos hechos no hay una relación de causalidad, sino de casualidad. Lo mismo ocurre en las empresas familiares a las que asesoro; puedo dar opiniones sobre el proceso de relevo, pero es la familia propietaria la que toma las decisiones.
En las empresas familiares hay que planificar tres relevos: en la propiedad, en el gobierno y dirección de la empresa y en el liderazgo de la familia; y no tienen por qué coincidir en la persona ni en el momento. Los actores son el predecesor, la empresa, la familia y los continuadores. La tradición monárquica de que el continuador sea el primogénito, varón en el caso de seguimiento de ley sálica, ha ido perdiendo peso en las empresas familiares en favor del principio republicano igualitario.
El predecesor ha de ser generoso para ser capaz de dar un paso al lado y dejar espacio a los continuadores. Estos han de tener voluntad de continuar y estar capacitados para hacerlo. En las monarquías se procura preparar con antelación a los continuadores; y en las parlamentarias estos tienen que ser validados por el parlamento, ya que ha dejado de llevarse lo de “por la gracia de Dios”. Lo mismo debe hacerse en las empresas familiares: formar a los continuadores como propietarios responsables, recordando que el ADN no garantiza la voluntad ni la capacidad empresarial; y que sean validados por los órganos de gobierno. Conviene que los cargos del gobierno de la empresa estén forados por profesionales, lo que no impide que sean familiares.
Al igual que el tío abuelo de Carlos, Enrique VIII, abdico antes de llevar un año en el trono, hay continuadores que renuncian a continuar con la empresa familiar; porque continuar es una opción, no una obligación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.