¿QUÉ HACER ANTE LA CORRUPCIÓN? (Expansión 10/9/25)

El rey Sulgi, de la tercera dinastía de Ur (Sumeria, 2.100 AC) ya dejo escrito que “separé al escriba corrupto de su cargo. No permití que el funcionario robe al pobre ni que el rico compre al juez”. Está claro por lo tanto que lo de la corrupción política viene de lejos y parece ser endémica, ya que “la ocasión hace al ladrón”. Dicen que “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Parece que “en todas partes cuecen habas, y en casa a calderadas”, aunque “mal de muchos, consuelo de tontos”. Hay que denunciar públicamente y judicialmente los casos de corrupción. Pero conviene que los líderes políticos recuerden aquello de “que la paja en el ojo ajeno no te impida ver la viga en el propio”. Parece que respecto a la corrupción propia se aplique lo que dijo Roosevelt respecto al sanguinario dictador Trujillo: “es un cabrón, pero es nuestro cabrón”.

Sin violar la presunción de inocencia debe aplicarse respecto a todo cargo de responsabilidad, político, empresarial o de cualquier tipo, aquello de que “la mujer del Cesar además de ser honrada debe parecerlo”. Las dimisiones a tiempo son una forma de demostrarlo. “Las comparaciones son odiosas”, pero Antonio Costa, primer ministro de Portugal, dimitió cuando el Tribunal Supremo le abrió una investigación que acabo siendo por error en la transcripción de una escuchas; Anne Spigel, ministra alemana, dimitió por irse de vacaciones tras unas inundaciones; Sandra Borch, ministra noruega, dimitió por plagio en su tesis; Mark Harper, ministro inglés, dimitió por contratar a una persona sin papeles.

Si hay corruptos hay corruptores. Es importante, cuando haya verdad judicial, dar visibilidad a éstos porque el daño reputacional puede ser más importante para una empresa que el legal (Arthur Andersen se disolvió como consecuencia del caso Enron). Respecto a la legal, recordar que los miembros de un consejo de administración pueden ser responsables penales por omisión en el deber de vigilancia de un ordenado empresario.

Una de las consecuencias de la sensación de corrupción política generalizada es la desafección respecto a la democracia y el fortalecimiento de los populismos, que ofrecen soluciones ficticias sencillas a problemas complejos. Más de una persona admira la aparente eficiencia de la dictadura china de Xi Jinping (se estima que ha ejecutado sobre dos mil personas por corrupción en lo que va de siglo), olvidando las diferencias culturales y que, si bien cabe el gobierno bueno de uno o varios, a la larga lo menos malo es el gobierno de muchos al facilitar la alternancia en el poder. La democracia es la forma menos mala de gobierno. En el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 Dinamarca ocupaba la posición 1 como país menos corrupto, España la 49, China la 76 y Sudan del Sur la 176.

Las opciones electorales ante la corrupción política son, votar a populistas, votar “a los nuestros con la nariz tapada”, “a los otros para castigar o que haya alternancia”, hacerlo en blanco o abstenerse. Ésta última opción es la peor, porque socaba los cimientos del sistema. Otra opción es decidirse a entrar en política; para lo que parece que hay que tener mucho cuajo, recursos …. ; además el sistema no lo facilita.

Medidas como la transparencia, los controles, y educación cívica ayudan a combatir la corrupción; pero hay que recordar que los valores, como la honradez, se insertan en primer lugar en la familia; ¿cuántas nos escandalizamos ante una oferta de factura sin IVA? “quien sea inocente que tire la primera piedra”.

Hay que ser positivos, y ver que el que aparezcan los escándalos de corrupción es un signo de que tenemos un sistema judicial que en global funciona. Además, el hecho de que haya políticos corruptos no significa ni mucho menos que todos lo sean; la inmensa mayoría son honrados.

“Si cada uno limpiase su casa, que limpia estaría la ciudad”, dice un aforismo ruso.

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