PREDICAR Y DAR TRIGO (Viaempresa 9/4/20)

Dice el dicho que «no es lo mismo predicar que dar trigo». Y puedo afirmar por experiencia propia que es bien cierto en el caso de la gestión empresarial de la crisis del COVID-19. Igual que «no es lo mismo estar ante el bravo en la arena que detrás de la barrera». Pero que no sea lo mismo dar consejos que tener que tomar y ejecutar decisiones no quiere decir que en muchas ocasionas convenga tener el espaldarazo de un externo independiente, con criterio y experiencia, y con visión multidisciplinar antes de tomar decisiones de vital importancia para la empresa.

El externo puede ser un amigo, otro empresario, un consultor o el sursumcorda. Lo importante es que aporte otro punto de vista, información, ideas, metodología y sobre todo haga las preguntas adecuadas. Pero no olvidemos que la responsabilidad de la toma de decisiones recae sobre la dirección, el gobierno y la propiedad de la empresa; que ahora tienen una oportunidad de oro para demostrar su profesionalidad en la toma y ejecución de decisiones.

El hecho de tener que tomar decisiones evitando la «parálisis por análisis» no impide que tengamos que reflexionar y dar un paso atrás para «evitar que el árbol tape el bosque». Tenemos que prever las consecuencias colaterales y a largo plazo de las decisiones a corto; y los escenarios alternativos al previsto. La primera decisión de actuación puede ser fruto de nuestros prejuicios, de nuestras experiencias anteriores, de lo que hace el vecino; y puede ser que haya otras alternativas.

En la toma de decisiones intervienen en diferente grado la cabeza, el corazón y el estómago. El primero nos dice lo que tendríamos que hacer, el segundo lo que nos gustaría hacer y el tercero nos da señales de alerta positiva o negativa. En situaciones de crisis se activan los instintos primarios regidos por el hipotálamo, y tendemos a reaccionar de forma impulsiva, es decir, sin reflexión. Es por eso muy importante que, dentro de lo posible, veamos si hemos seguido todos los pasos para tomar decisiones racionales. Después podremos decidir con el corazón o con el estómago, pero conviene comprobar que hemos tenido en cuenta a la cabeza.

¿Hemos tenido en cuenta toda la información? ¿Todos los escenarios? ¿A todos los implicados (familia, socios, colaboradoras, clientes, proveedores…)? ¿Sus intereses y sentimientos? ¿Todas las alternativas, sus pros y contras? ¿El corto y el largo plazo? ¿Tenemos los medios para llevar a cabo con éxito el plan de acción decidido?

Volvemos un momento a las alternativas. ¿Hemos sido creativos o sólo hemos pensado en «las de siempre»? Es difícil con la que esta cayendo ser creativo y pararse a pensar en nuevas oportunidades para aprovechar nuestras fortalezas y activos empresariales y personales (pueden ser intangibles). «No hay mal que por bien no venga», puede ser se el momento de comenzar los planes parados para no tener que cambiar el «cómo lo hemos hecho siempre». En todo caso, quedarse agachados lamentándonos no es ningún camino creativo; «quién llora para dar pena, pero no tiene crédito» nos dijeron con acierto una vez; y para salir de esta necesitaremos todo tipo de crédito, no sólo bancario. Dicen que «el hambre agudiza el ingenio», ésta es una ocasión inmejorable para demostrarlo.

Lo que decidamos hoy será juzgado mañana, a agua pasada, en virtud de sus resultados. En este sentido es importante recordar que decidir bien es importante; ejecutar bien es imprescindible; y una buena ejecución requiere seguimiento y adaptación a los cambios respecto a lo planificado. Si el resultado final no es el deseado, lo más importante es tener la certeza de que se tomó y ejecutó la mejor decisión posible.

Volviendo al dicho de «no es lo mismo predicar que dar trigo» recordar que la de «ser cocinero antes que fraile» proviene de la más larga de que «quien ha sido cocinero antes que fraile, el que pasa a la cocina sabe».

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