LONGEVIDAD Y RELEVO GENERACIONAL (Empresarial Girona 1/4/22)

Hay un chiste según el cual el príncipe Carlos de Inglaterra va al notario y le dice “quiero hacer testamento, se lo quiero dejar todo a mi madre”. Y es que él tiene 743 años y su madre 95 y lleva 70 de reinado.

Hay una revolución silenciosa, consistente en alargar la esperanza de vida; que va paralelo a la disminución de la natalidad. Esto hace que se esté invirtiendo la pirámide de edad y que pronto habrá más seniors que juniors. I es que los abuelos de hoy no somos como eran los nuestros; en general tenemos mejor salud, capacidad, calidad y esperanza de vida que no la que tenían nuestros abuelos. Y esta realidad plantea retos que también afectan a las empresas; especialmente en el relevo.

En algunas empresas familiares clientes veo conviviendo tres generaciones en el día a día. Esto obliga a ser más flexibles. A planificar mejor la convivencia entre generaciones. Los cambios de perspectiva y valores generacionales hoy en día son mayores que años atrás. Las generaciones precedentes han de ser más generosas y las continuadoras más flexibles. Conviene cuidar más que nunca la comunicación, respetando las opiniones ajenas y aplazando los juicios de valor. Como reflexiona Pedro Nueno (IESE) en su reciente libro “Mayores dirigiendo bien» los seniors aún pueden aportar mucho. Los seniors pueden aportar mucha experiencia y relaciones.

Un predecesor que se encuentra en plena forma, para hacer un paso al lado ha de ser muy generoso, y ha de dar respuesta a la pregunta de ¿Qué haré si me retiro? Es muy difícil encontrar un sustituto que iguale la tensión y satisfacción de llevar un negocio con éxito. El día se puede hacer muy largo. Pero con voluntad y planificación se puede encontrar “metadona”. Tuve un cliente que dejo la dirección y propiedad del negocio existente, para ur a cuidar un jardín hidropónico; en el que resultaba que tenía más de diez empleados.

Otra cuestión importante y que puede afectar de forma importante al proceso de relevo es el de la respuesta a la pregunta de ¿de qué viviré si me retiro? que se puede hacer la generación saliente. No es desbarrado pensar en una esperanza de vida de 104 años para uno mismo y el conyugue, o incluso de 110, con una etapa final de costes más elevados.

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