LAS MUJERES EN LA EMPRESA FAMILIAR: DE CEO A CEO (El Heraldo de Aragón 14/5/22)

Tradicionalmente, en las empresas familiares reinaba la ley sálica, que excluia a las mujeres de la propiedad o el gobierno de las mismas. Esta discriminación ha de analizarse a la luz de la época; no podemos juzgar con los criterios de hoy el pasado, si bien esto no quiere decir justificar lo injustificable, sino comprender de forma empática la realidad. En muchos casos los varones no primogénitos también eran excluidos.
En el pasado, de forma excepcional las mujeres se hacían cargo del gobierno de la empresa como regentes hasta que el heredero estaba disponible; como en el caso de Josefina Carbó, la mujer de Miguel Torres Casals, que se hizo cargo de Bodegas Torres en 1932, hasta que su hijo acabo los estudios universitarios. Otras decidieron continuar el negocio haciendo oídos sordos a todos los consejos contrarios, como Concepción Amigo, que en 1952, con 25 años, una hija pequeña y en estado de gestación, decidió continuar el negocio recién iniciado por su marido Juan Amat, fallecido de forma súbita.
Con independencia de su presencia en la propiedad o dirección formal de las empresas, en muchas ocasiones las donas han sido, y continúan siendo, quienes mueves los hilos desde la sombra; “detrás de todo gran hombre hay una gran mujer” se decía. Pero, además, en muchas ocasiones su papel ha sido, y es, de «Chief Emotional Officer» (CEO) de la familia. En lenguaje más llano diríamos “hacer de palo de almiar” (pajar al descubierto). Papel muy importante, porque en muchas familias empresarias la unidad se mantiene gracias a la madre o la hermana. Las emociones, las alegrías y tristezas, los conflictos, pueden ser más frecuentes, ya que la interacción y los intereses son mayores en cantidad, frecuencia y profundidad. Los problemas entre los hermanos pueden aparecer no cuando falta el padre, sino al traspasar la madre.
Mi experiencia me ha llevado a la conclusión subjetiva de que en general las mujeres son de media mejores que los hombres en el trabajo; maduran antes, son menos impulsivas y trabajan mejor en equipo. Ya se sabe que hay verdades, mentiras y estadísticas; y que hay excepciones que confirman la regla. Por descontado que puede haber trabajos, como los que requieren esfuerzo físico, en los que en principio pueden estar en inferioridad de condiciones; pero estos cada vez son memos. En general una chica de vente años da unas cuantas vueltas a un chico de la misma edad; suelen tener diferentes cosas en la cabeza, si bien con el paso del tiempo se igualan.
Para garantizar la continuidad de las empresas familiares los dos pilares han de funcionar correctamente: la empresa y la familia. “Si no hay harina, todo es mohina”, y “si la familia se pelea, la empresa se cuartea”. La familia es un sistema, en que actúan personas con diferentes roles evolutivos. Entre ellos están el de liderazgo (autoridad reconocida, lo que es diferente que poder). La gestión de los en muchos casos inevitables conflictos puede requerir la actuación de mediadores, y la gestión de las emociones. Por razones talvez biológicas las mujeres sueles ser más protectoras y gregarias que los hombres.
Conozco más de un caso de mujeres que han retrasado voluntariamente su maternidad para dar preferencia a su carrera profesional; o de forma casi obligada para hacer frente a su responsabilidad como propietarias, haciéndose cargo del negocio ante una falta súbita de su progenitor o pareja. Esto puede significar que faltaba equipo adecuado o los necesarios planes de contingencia.
Desde el punto de vista femenino se puede encontrar a falta una mirada crítica por pare de los hombres, un “mea culpa”. No cuestionar el “status quo” de nuestro poder retrasa que las mujeres ocupen el lugar que les corresponde en las empresas familiares, y en muchos otros lugares. La inercia es muy grande y hace falta proactividad para cambiar las cosas.
Hoy, nadie se lleva las manos a la cabeza porque las Martas (Álvarez y Ortega) se hagan cargo de empresas familiares como son El Corte Inglés i Inditex; y es que el mundo ha cambiado mucho, y no siempre para peor. La cuestión no es si son mujeres, sino si están capacitadas; porque al igual que con los hombres, el ADN no garantiza la transmisión de la voluntad y capacidad empresarial.
Bienvenidas sean las mujeres como Chief Executive Officer (CEO) de las empresas, es decir como máximas responsables de las mismas bien sea en cargos de gobierno o dirección. Tal vez el paso que falta es que los hombres aumentemos nuestro papel como Chief Emotional Officer.

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