Gucci, una guerra familiar de película (VIAempresa 7/1/22)

Guccio Gucci (1881 – 1953), después de haber sido botones de hotel en Londres, abrió en 1920 en Florencia una tienda donde vendía productos artesanales de cuero. Tuvo 4 hijos (uno murió de niño) entre los que fomentó la competencia , y una hija; que impugnó sin éxito la herencia cuando se vio apartada del negocio en el cual colaboraba.

Su hijo Aldo (1905 – 1990) se incorpora en 1925, y fue el que levantó el negocio. Entre sus tres hijos repartió parte de las acciones en vida. Era paternalista en la empresa y autoritario en la familia. Rodolfo (1912 – 1983) fue actor de poco éxito y se acabó incorporando a la empresa familiar. Al enviudar se convirtió en un padre posesivo y protector de su hijo Maurizio (1948 – 1995), a quien llegó a amenazar si se casaba con Patrizia. Maurizio se fue a trabajar con su tío a Nueva York.

A la muerte de su hermano, Aldo y Rodolfo compraron a la viuda sus acciones, quedando al 50% cada uno. Aldo creía que las participaciones no se correspondían a la contribución, y a las filiales de perfumería la estableció en 80/20. Rodolfo después de protestar sin éxito detectó desvío de beneficios e hizo intervenir a los abogados.

Paolo (1931 – 1995), hijo de Aldo, fue despedido en 1980 al intentar sacar una línea de producto propia con su nombre. La tensión fue en aumento y en 1982 padre e hijo llegaron a las manos en una reunión del consejo de administración. Paolo puso una demanda, y la prensa saltó de alegría. Aldo fue detenido por fraude fiscal a raíz de una información recogida por su hijo mientras trabajaba a la empresa, fue condenado en prisión (1986).

Maurizio, que había dejado a su mujer e hijas (1985), aprovechó para aliarse con Paolo y teniendo la mayoría desplazar a Aldo del poder. La alianza dura poco, porque su primo lo denuncia por fraude fiscal (1987). Maurizio busca un socio financiero para comprar las acciones de los dos hermanos de Paolo, y Aldo también acaba vendiendo. La caída de ventas y la confusión de cajas acaban forzando a hacer que Maurizio venda también. Lo sustituye en la dirección el abogado de la familia: Domenico. Pide el divorcio, y es asesinado por unos sicarios contratados por Patrizia.

Esta es la historia de la ópera italiana llevada al cine por Ridley Scott (84, el que demuestra que esto de la jubilación no siempre tiene fecha), con Lady Gaga y Al Pacino entre otros actores. La película es distraída, bonita de fotografía – quizás gracias al ambiente de lujo –, y los actores actúan bien. El argumento (poder, dinero, traición…) se asemeja al de las tragedias griegas, a las obras de Shakespeare o a algunas películas de Visconti.

Citas de familia

En la película hay una serie de frases que si hubieran sido dichas por los personajes reales podrían dar pie a un buen artículo; o que cuando menos pueden dar pie a reflexiones. «Mientras estemos al 50% nada de centros comerciales» (Roberto a Aldo, cuando este propone abrir en Japón; el que recuerda el riesgo de bloqueo en las participaciones a medias).

De Aldo. «La Calidad se recuerda mucho después que el precio se olvide. La calidad es para los ricos». «A Gucci le va bien bajo mi mando. Gucci es lo que yo diga que sea, yo la convertí en un imperio» (lo que nos recuerda el riesgo de egocentrismo; la dificultad de dejar el poder por quien tiene éxito). «Cuando lo tocaste por última vez, o le diste un abrazo?» (a Rodolfo en relación a su hijo, y es que el lenguaje no verbal indica mucho). «Eres un idiota, pero eres mi idiota» (a su hijo Paolo al salir de prisión; lo que nos recuerda la capacidad de perdón dentro de la familia; o que el amor o la soledad pueden enturbiar la razón). «Prefiero no leer mi propia esquela» (al rechazar leer el contrato de venta; y es que vender la empresa puede ser como morir, especialmente para el fundador o re-fundador).

De Maurizio a Patrizia. «Yo soy Gucci de apellido, no tengo su carácter toscano» (recuerda lo que Michael Corleone dijo a su vez a Kay en El Padrino). «Cuando me obligas a ir de espaldas a mi familia, cuando obligas un padre a enfrentarse con su hijo … son cosas que afectan mi entorno». «Toda historia tiene un principio y un final».

De Maurizio a otros. «Busco un inversor que compre la mitad del negocio, la que me da dolores de cabeza e impide de Gucci sea algo extraordinario» (al futuro inversor). «Somos producto de nuestro pasado, pero no tenemos que ser sus prisioneros; no tengo miedo al cambio, le abro los brazos» (lo que nos recuerda que la tradición puede ser un freno a las empresas familiares). «Si crees que es cuestión de dinero es que no conoces a Gucci» (al rechazar la oferta de compra; y es que el orgullo de pertenencia, los sentimientos o el poder pueden determinar –no siempre de forma conveniente– las decisiones).

De Patrizia a Maurizio. «La familia es importante, no te puedes borrar del retrato. Una familia sólida hace una empresa sólida» (antes de decirle que está en estado). «¿Quieres seguir vendiendo tazas en los aeropuertos? ¿Este es tu legado?» (lo que recuerda la importancia de tener claro qué se quiere dejar a la siguiente generación). «Estoy velando por nuestros intereses» (lo que nos recuerda que los añadidos se pueden considerar con interés legítimo sobre la empresa familiar; y es que puede-ser en cierta forma y grado lo tienen). «No es empresario, ni siquiera sabe usar el parquímetro, ¿cómo va a dirigir Gucci?» (sobre Maurizio cuando este le pide el divorcio; demostrando cómo pueden cambiar las opiniones).

De Paolo. «Mi padre es un dinosaurio que se hace pasar por gilipollas; me tiene cogido muy fuerte por los melocotones» (y es que la opinión de los hijos sobre los padres a veces no es la esperada por estos). «Nunca se tiene que confundir la mierda con el chocolate, pueden parecer lo mismo, pero tienen sabor diferente» (lo que nos recuerda que las apariencias pueden engañar).

De Domenico. «Soy el conservacionista: se debe proteger a Gucci de cualquier que sea una amenaza; a veces tiene que llegar alguien de afuera para reconocer la verdad» (a Patrizia). «No eres un administrador nato, no se puede llevar una empresa a base de encanto y excentricidades» (a Maurizio)

De varios. «El carácter familiar es la marca» (el diseñador Tom Ford a Maurizio). «Gucci es una empresa familiar, implica problemas familiares» (el inversor).

Entre los aprendizajes o recordatorios que podemos extraer de esta historia de una familia empresaria tenemos que el ADN no garantiza la transmisión de la voluntad ni de la capacidad empresarial; la tendencia de los conflictos no resueltos a reproducirse; los riesgos de la confusión de cajas (la empresa no tiene que ser la cuenta corriente de la familia ni de ningún socio); el cambio de las personas y de sus intereses con la edad; y el papel de las parejas. Gucci es uno de los ejemplos de cómo las guerras familiares pueden acabar con la continuidad de la empresa en manos de la familia.

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