FAMILIA EMPRESARIA LLADRO (Activos 8/1/23)

El apellido Lladró está asociado a las pálidas y alargadas figuras de porcelana, que fueron auténtico icono de cierto gusto. La familia tenía orígenes casi aristocráticos, pero la boda en segundas nupcias del abuelo de los fundadores provocó una tormenta familiar que lo dejó en la ruina más absoluta. Su nieto José (1928-2019) abandonó la escuela a los 12 años para trabajar en el campo. A los 16 empezó a trabajar en La Azulejera Valenciana. Él y sus hermanos Juan (1926-2017) y Vicente (1933-2019) se inscribieron en la Escuela de Artes y Oficios de Valencia, donde iban después del trabajo. A mediados de la década de los 40 empezaron a fabricar y en 1953 crean Lladró como tal. Los hermanos están a punto de romper, pero su madre insiste en «no discutáis jamás entre vosotros y permaneced siempre unidos. Sólo así saldréis adelante».

A principios de los sesenta reciben la visita de Stanley Nager, un norteamericano en busca de productos para importar. A mediados tres empleados abandonaron para hacer la competencia. Lladró acusó el golpe; el asunto acabo en un juicio que ganaron, y acabaron comprando la empresa. Pero el esfuerzo llevo a José a estar internado siete semanas en un centro psiquiátrico para recuperar el equilibrio.

En 1969 inauguran la “Ciudad de la Porcelana” en Tavernes Blanques (Valencia), con instalaciones deportivas; financiando un equipo de baloncesto de minusválidos, un coro femenino, servicios de atención sanitaria, cursos de inglés, informática o pintura, cocina, tenis y hasta cursos de preparación al parto o campamentos en el extranjero para los hijos de los empleados. Para asegurar su continuidad, la empresa crea una Escuela de Becarios a la que cada año se presentan unos 80

En 1999 tienen 2.080 trabajadores, facturan el equivalente a 142 millones de euros (de la época), exportando el 84% (40% EEUU). Tienen tiendas propias en Hong Kong, Londres, Nueva York, Singapur, Los Ángeles, Madrid y Valencia, más como imagen de marca que como centro de beneficios. Juan dijo que «nuestra preocupación es que los que nos siguen sean capaces de continuar. Tenemos la esperanza depositada en ellos. Tienen la ventaja de una estructura que ya está en marcha, pero tienen la desventaja de que viven ya mejor y ven las cosas desde otro punto de vista. Harán un coctel distinto, que será mejor o un poco menos bueno». Los Lladró se habían convertido no sólo en reyes mundiales de la porcelana sino además en los mayores propietarios de terrenos agrícolas de la comunidad valenciana. Eran grandes inversores inmobiliarios, accionistas de Tabacalera y Terra Mítica, presidentes y consejeros de organismos empresariales, sociales, financieros.

Los tres hermanos gobiernan en triunvirato, con presidencia rotativa quinquenalmente. Intentan mantener la fórmula limitando la entrada a un único hijo por rama.  «El problema de las empresas españolas es que los padres nos obcecamos por situar a nuestros hijos en cabeza», dijo José «En mi opinión, es un error craso. Todos queremos ser amos. No sabemos compartir; sólo repartir. Aquí no sabemos ser simplemente accionistas. Cada uno debería ser capaz de ver dónde puede ser más útil a la empresa, no dónde puede llegar a ser más importante. Es difícil cuadrar las velocidades de todos, que son muy distintas, los intereses personales, los orgullos… pero la empresa debe estar por encima de todo eso. Hay que concebir la empresa no sólo como una fuente de ingresos o de poder. En Lladró hemos intentado ser personas, pensar en valores, mejorar el nivel de vida de toda la zona. El dinero no lo explica todo. Muchas veces son las familias las que causan la destrucción de una empresa por sus líos internos o por zancadillas. Hay que elegir a los sucesores con profesionalidad, por sus cualidades, cada uno sirve para una cosa distinta. La forma de hacerse rico es montar empresas y ganar dinero, aunque hay que tener valores humanos y éticos. Con eso también eres rico.”

En septiembre 2003 los tres hermanos ceden la dirección a un consejo constituido por dos hijos de cada uno de ellos y un consejero delegado, vinculado hace tiempo a la gestión de la empresa. La presidencia dejo de ser rotatoria. Las pérdidas registradas el año anterior, cuando las ventas cayeron por primera vez en la historia, un 17% respecto a 2001, precipitaron el relevo. Lladró empleaba a unos 2.300 trabajadores, 300 de ellos en el exterior; y facturó 160 millones de euros en 2002. La caída se atribuyó a la competencia de empresas asiáticas, que literalmente calcan los diseños, a la restricción del comercio internacional a raíz de los atentados contra las Torres Gemelas, y a la fortaleza del euro respecto al dólar. Los fundadores conservan el 51% del capital, para garantizar el control familiar de la empresa. Se solicita una valoración de la empresa «para que sea más fácil para todos el acomodo de los nuevos responsables, primos hermanos que han llegado a pleitear entre sí en años pasados”.

En 2004 se ficha a Alain Viot , un ejecutivo vinculado al Grupo Richemont (Cartier, Piaget o Montblanc), como consejero delegado. Intento captar a los hijos de los clientes originales con diseños y líneas más actuales. Busco mercados en China. Sugirio extender la marca Lladró a otros productos. Pero cada paso requería un acuerdo entre primos que no siempre resultaba fácil. En 2004 y 2005 se facturaron 130 millones.

Vicente Lladró relato cómo en marzo de 2007, en el día de su cumpleaños, sus hijos le visitaron para darle una «mala noticia». “Los tíos van a sortear la empresa a ver quién se hace con el mando. No tenemos nada que hacer porque son mayoría y están de acuerdo”. «Querían sortear la empresa y el resto de bienes sin haber hecho lotes, sin testigos, sin que hubiera ningún notario que diera fe». No se trataba sólo de la empresa, sino también de lo que ellos llamaban la «hucha» que habían ido llenando a lo largo de los años para reforzar el negocio y para compensar posibles crisis futuras. El proceso de «sorteo» se frenó un tiempo y finalmente se optó por una «subasta» entre los hermanos para quedarse con la matriz. Fue Juan quien tomó el control con el 70%. Su hija Rosa asumió la presidencia del consejo, en el que la representación familiar quedo reducida a tres integrantes de su rama. El mismo año, su prima Rosa María Lladró Castelló, hija de José, optó por desvincularse del grupo familiar.

En 2015 se dio entrada en el consejo a un miembro de cada una de las ramas no representadas. Se promociono a director general a Juan Vicente Sanchis, según el cual “la crisis y la caída de ventas de Lladró va pareja a la crisis de los mercados, los hábitos de consumo han cambiado en los últimos años y la clase media, que era nuestro gran consumidor, aboga ahora por otros productos: tecnología, moda… El problema es que fuimos tan conocidos en los ochenta y los noventa por un determinado tipo de porcelana que mucha gente ya no se acerca a la marca”. El año anterior se habían separado las actividades relativas a la porcelana de las que no lo eran y sacando de Lladró más de 63 millones de euros en participaciones de otras empresas que pasaron a depender de la matriz.

Seis meses después cuatro de los cinco consejeros dimiten, incluida una hermana de Rosa quien toma el mando, rompiendo la tradición de gobernar por consenso. “Con tanto debate, aunque fuera para bien, se pierde demasiado tiempo. El resto del mundo va mucho más deprisa, La intención es conservar el negocio en la familia, porque es nuestro. Pero si fuera necesario vender, lo haríamos. Un fondo de inversión puede ayudar, pero hay que entender mucho este negocio.”

Con 700 empleados, unas ventas de 35 millones, pérdidas de 38 y existencias de 30 en 2017 se acepta la oferta de compra del grupo PHI Industrial, un fondo buitre. En el orden del día había también una opción de compra, que no prospero, impulsada por la rama de José, limitada a una adquisición mayoritaria, pero no total, de las acciones. La familia mantendrá la propiedad de la planta y la alquilará a los nuevos dueños durante los próximos diez años por un precio que podría rondar los 2,3 millones de euros.

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