Empresa familiar sin continuidad (Channel Partner 14/2/22)

Toda familia empresaria ha de plantearse como mínimo una vez en cada generación, al planificar el relevo, si lo más adecuado es continuar, vender o cerrar. Continuar es una opción, no una obligación. Para que la opción de continuar sea la más adecuada se precisa una serie de cosas, empezando por que el negocio sea rentable y tenga futuro, y continuando por que los continuadores estén capacitados y tengan voluntad de continuar, al menos como propietarios.

¿Qué hacer cuando lo más acertado es no continuar? Pues solo quedan dos opciones, cerrar o vender. Si no queremos continuar y no encontramos comprador ni por un euro, la opción que queda es cerrar. Cerrar un negocio no es rápido, ni fácil, ni baratoes como abrirlo, pero con muchas menos alegrías. Y la carga emocional puede ser muy alta, especialmente para el fundador o continuador familiar.

En el proceso de cierre, uno de los objetivos ha de ser generar la máxima caja libre después de hacer frente a las obligaciones. Hay tres formas de cerrar: a tiempo, cuando aún se tiene recursos para hacer frente a todas las obligaciones; concursal, cuando no se dispone de los mismos; y «a pelo», que no es recomendable porque se puede tener que hacer frente con el patrimonio personal a las deudas. En cualquiera de las opciones es recomendable acertar con el asesor, que tal vez no es el mismo de siempre, al igual que el médico de cabecera no suele ser quién nos hace una operación a corazón abierto.

Para vender el negocio lo ideal es hacerlo cuando éste va «a todo tren», ya que el precio que se obtendrá será mejor si los resultados son altos y hay planes de crecimiento. ¿Y cuánto vale la empresa? Ya dijo Francisco de Quevedo que «solo el necio confunde valor y precio». El valor puede calcularse de distintas formas. Hay más de un pleito con importantes discrepancias de valoración efectuadas por sesudos catedráticos. El precio es fruto de una negociación en la que interviene cuestiones como la prisa por vender o las ganas de comprar. Entre los posibles compradores hay que tener en cuenta al equipo directivo: si no hay directivos capacitados para comprar el negocio a lo mejor éste vale poco, por la falta de equipo. Una vez más, hay especialistas en acompañar en los procesos de compraventa de empresas.

Cerrar o vender la empresa familiar no es el fin del mundo. En ocasiones, es la decisión más acertada. Si estamos ante una familia empresaria, habrá un espíritu emprendedor que podrá dar pie a nuevos proyectos. El hecho esencial de los fundadores que es importante tratar de mantener no es tanto el negocio concreto que empezaron, sino el espíritu emprendedor que los llevó a ello. Si bien el ADN no garantiza su transmisión, se puede planificar un entorno que favorezca su desarrollo, al igual que el del interés por el negocio para evitar la desafección, y la profesionalización de los propietarios. Porque la no continuidad de la empresa familiar puede ser debida a falta de planificación con la antelación debida.

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