DESPEDIR A UN FAMILIAR (25/9/25 Diari d’Andorra)

El otro día un empresario me comentaba preocupado la problemática que tenía de un familiar que trabaja a la empresa y que ha realizado unas acciones que en caso de ser externo supondrían su despido. Le pregunté qué previsiones habían hecho respecto al despido de familiares, y me contestó que ninguna.

No es lo mismo despedir de la empresa familiar a un pariente que a un externo. Entre empresa y familia hay vasos comunicantes. ¿Sabéis aquel que dice que al abrir la puerta de casa para ver quién llamaba al timbre se encontró a un amigo con dos maletas que le dijo “me puedo quedar a dormir en tu casa?; es que he despedido de la empresa a mi hijo y mi mujer me ha despedido a mí de casa”.

En el despido de familiares hay que tener en cuenta, entre otras cosas: quién decide; a quien, cuando y como informar (¿informo mi hermana que despido a su hijo, antes, al mismo tiempo o después?). ¿La indemnización será la legal o habrá algún bonus económico, temporal o de acompañamiento? No es lo mismo despedir por una causa disciplinaria que porque obsolescencia sobrevenida o porque se ha decidido que la familia propietaria deje de estar en el día a día del negocio (como hicieron la familia Pont -Borges-).

Conviene recordar que entre “hacer la vista gorda” y despedir hay una escala de posibilidades como la amonestación o la suspensión de trabajo y sueldo. Si la acción improcedente ha tenido conocimiento por parte de terceros se tiene que tener en cuenta la repercusión que la reacción tendrá en el equipo: ¿hay igualitarismo o nepotismo? El no despido puede transmitir la empresa la sensación de favoritismos; o dificultar la actuación ante un no familiar.

Igual que en la Constitución o protocolo familiar es recomendable establecer las condiciones por incorporación y promoción de familiares en la empresa, es conveniente prever la salida, voluntaria o no. Conviene que haya evaluación objetiva periódica, lo que es más fácil de recomendar que de hacer, para que las decisiones no caigan de sorpresa.

Uno de los papeles del Consejo de Familia, o quien haga las funciones de éste, puede ser gestionar la comunicación familiar del despido, siempre doloroso, con el objetivo de restablecer el antes posible la armonía familiar. El despido de un familiar puede generar bandos que rompan la necesaria cohesión.

Hay la historia, o quizás leyenda, de un empresario que después de despedir a su hijo le dijo: “hijo mío, te han despedido del trabajo y como padre me gustaría ayudarte a planificar tu futuro”. Y es que es muy importante diferenciar el sombrero de empresa del de familia. La película Arven (La herencia) nos muestra las posibles consecuencias de despedir de la empresa a un familiar. En El Padrino, Fredo ejemplifica una muestra de nepotismo en su no despido a pesar del continuo fracaso en el cumplimiento de objetivos. Isak Andick (Mango) reubicó a su hijo Jonathan después de sacarlo, por los males resultados empresariales, de la dirección general.

La incorporación de familiares a la empresa puede ser un gran acierto, pueden ser unos grandes profesionales con una implicación insuperable; pero al hacerlo conviene tener planificado con antelación y de forma consensuada el mecanismo de salida, y que sea conocido y recordado para todo el mundo. Uno de las grandes ventajas de los externos en la empresa familiar, es que son más fáciles de despedir que los parientes.

Le recomendé al empresario que aprovechase la ocasión para plantear la cuestión a la familia y a los accionistas, por juntos decidir cómo actuar en este caso y asentar las bases por futuras ocasiones. Que él tenía que decidir qué era su postura y como la defendía.

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