Carlomagno fue el emperador que estableció la Marca Hispánica sobre el 795 como frontera para parar la invasión musulmana iniciada en el 711. También es el nombre de un grupo de empresarios gerundenses que se reúnen periódicamente. Hacen “networking” y “benchmark”, dos palabrotas que quieren decir que trabajan las relaciones mutuas y exploran conocimientos y puntos de vita respecto a los retos empresariales a los cuales tienen que hacer frente.
A pesar de ser de “Can Fanga”, el pasado 27 de febrero tuve el honor y reto de hacer una sesión con sus integrantes, coincidiendo con la visita a COMEXI. No sé si el motivo fue que algunas de las familias empresarias a las cuales asesoro son “carlemanyencs”, o porque mi madre era de Banyoles.
La sesión giró sobre el tema de la profesionalización de la empresa familiar. Empezamos planteando a los veintiocho asistentes qué palabras se los vienen en a la mente al pensar en el tema. salieron Las ganadoras fueron: futuro, propiedad, relevo. Y son acertadas, porque la profesionalización de la empresa familiar es fundamental para garantizar su futuro. Si no se profesionaliza es muy difícil hacer el relevo del fundador a las siguientes generaciones. Y no se puede profesionalizar la empresa si primero no se profesionalizan los propietarios -trabajen a la empresa o no-.
En la sesión se avanzaron algunos de los resultados del estudio que he hecho junto con Oriol Amat para el Observatorio de Empresa Familiar de la UPF-BSM. De él resulta una herramienta que ayuda a medir objetivamente el nivel de profesionalización de las empresas familiares, facilitando el establecimiento de un plan de acción al respecto. La entrega de una lista de revisión permitió a los asistentes obtener en el momento un análisis comparativo de su situación respecto al resultado del estudio. Recordando que hay verdades, mentiras y estadísticas.
La profesionalización de la empresa familiar no es un objetivo en sí mismo, sino un medio para ayudar a garantizar al máximo su continuidad. Si bien las empresas familiares son más longevas o resilientes que las no familiares, como demostró un estudio posterior a la Gran Recesión, hecho por Pilar Marquès de la Cátedra de Empresa Familiar de la UdG, solo el 30% superan la primera generación y el 4% la tercera.
Profesionalizar la empresa familiar es crear una nueva “Marca” de futuro.



