MÁS ALLÁ DE LA HERENCIA (El Heraldo 12/10/25)

Una cuestión en la que a menudo me pide consejo algún empresario familiar es en la planificación de la sucesión en la propiedad. Más de uno la retrasa porque de alguna forma es reconocer nuestra finitud: “estamos de paso en este mundo, y no sabemos el cómo ni el cuándo”.

Lo primero que hago es recordar que hay diferentes relevos: en propiedad, en el gobierno y en la dirección de los negocios. Pueden estar fuertemente interrelacionados pero que conviene considerar separadamente. Tal vez recaigan en diferentes personas y ocurran en momentos diferentes. Que hay que diferenciar entre traspaso de la empresa y del patrimonio.

A continuación, planteo ¿qué es lo que preocupa como predecesor? ¿cuáles son los objetivos a cinco, diez y veinte años vista? ¿cuáles son las necesidades vitales, teniendo en cuenta el alargamiento de la esperanza de vida? ¿qué obituario se quiere? El relevo no es sólo una cuestión legal y fiscal, sino también de cambio de roles e identidades.

El tercer pilar es analizar cual es la composición del patrimonio: empresas, inmuebles, inversiones, dinero. No es lo mismo tener casi todo el patrimonio en la empresa familiar que diversificado, permitiendo compensaciones fuera del negocio. Respecto a las empresas: ¿cuál es su futuro? ¿por qué no venderlas? ¿cuál es su estructura legal? ¿cuáles son las participaciones? ¿cuáles son las ventajas e inconvenientes de una estructura holding? En ocasiones se ha creado una estructura holding por motivos fiscales, sin tener en cuenta los posibles costes de separación. ¿Hay planes de contingencia ante hechos de alto impacto, de la empresa o familia? ¿se cumplen los requisitos para ser fiscalmente empresa familiar? ¿alcanza a todos los activos?

El siguiente paso es poner el foco en los continuadores. ¿Tienen necesidades específicas? ¿cuál es la relación entre ellos? ¿cómo será el día de mañana? ¿les pedimos opinión? ¿prefieren dinero, inmuebles o empresa? ¿de qué informarles? ¿cómo evitar falsas expectativas? En relación a las empresas familiares ¿cuál es su interés y capacidad? ¿por qué querrán continuar juntos? (continuar juntos es una opción, no una obligación). Si han de ser socios conviene prever las normas de relación, con especial atención al derecho de salida justo para el que se va (nunca se puede asegurar quién será) y viable para el resto.

Conviene prever sobre varias cuestiones. Los posibles derechos de las parejas, actuales o futuras, propias o de los continuadores. La edad de disponibilidad de los bienes (a la mayoría de edad si no se establece otra cosa). La representación por incapacidad y la de menores. El testamento de los continuadores; hay que prever los fallecimientos consecutivos.

Cuestiones importantes son en primer lugar decidir si se quiere hacer reparto igualitario o equitativo. Igualitarismo no quiere decir necesariamente toda la misma participación en todo, sino valores (siempre opinables y evolutivos) iguales. En la empresa ¿se quiere dar acciones de sudor (“la empresa para el que la trabaja”)? ¿en la propiedad o en el voto?

Hay que establecer un calendario; y prever revisiones ya que las situaciones, composiciones y valores pueden sufrir modificaciones sustanciales.  La transmisión de la propiedad puede hacerse por compraventa, donación (“músico pagado toca mal” dicen algunos), testamento (esencialmente revocable) o pacto sucesorio (su, en principio, irrevocabilidad unilateral da tranquilidad al continuador que ha de dedicar esfuerzo a un proyecto, o ante posibles nuevas relaciones en edad avanzada). Conviene tener en cuenta la muy posible conveniencia de hacer un mix. En las donaciones y pactos sucesorios es oportuno prever la reversibilidad. En relación la transmisión mortis causa puede ser adecuado tener en cuenta las figuras de los legados, fideicomisos, albaceas, legítimas, usufructos; y la imposición de cargas o condiciones.

A todo esto, hay que responder ¿por qué? y ¿a pesar de qué? ¿Cuáles son los valores, historia y tradiciones familiares?

Recomiendo siempre que se consulte las formas con civilistas y fiscalitas, para que ayuden a ejecutar el cómo. Pero teniendo claro cual es el cuadro final que se desea, y sin olvidar en ningún momento a quien corresponden las decisiones: a la propiedad. Los costes fiscales han de tenerse en cuenta, pero no conviene que sean el principal criterio de decisión.

Recuerdo que el peor plan de sucesión es no tener plan; y que familia es lo que queda después de la herencia. Planificar no es acelerar un final, es asegurar el futuro.

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