¿Que planificar en la empresa familiar con la Covid? (Diari d’Andorra 8/4/21)

Una característica de un buen empresario es la de panificar como alcanzar los objetivos del plan estratégico. La planificación consiste en definir el camino para llegar al puerto de destino, teniendo en cuenta el mundo exterior a la empresa, i en este seguro que están los efectos de la covid sobre cada negocio en concreto. Esta planificación del negocio también es fundamental en las empresas familiares.
Con todos los cambios disruptivos ocasionados por el online, la economía circular, la inteligencia artificial, el cambio climático, la robótica… hacer planes a tres años ya era temerario; con la pandemia el plazo ha bajado para muchos a tres semanas. La planificación ha perdido en estos momentos peso en favor de la estrategia. Estamos en un escenario VICA (VUCA en ingles” “al cuadrado”, es decir doblemente volátil, incierto, complejo y ambiguo. Lo que es necesario es planificar diferentes escenarios y sus correspondientes planes de acción para alcanzar los objetivos; e incluso puede que estos deban ser diferentes según el escenario. Incorporar a las nuevas generaciones en la planificación puede ser oportuno, ya que puede ser que conozcan el futuro mejor que la generación precedente.
Cierto que lo primero que hay que planificar es el futuro de la empresa como tal; porque el sustantivo es empresa, familiar el adjetivo. Si muere la empresa se acaba la empresa familiar. Pero no necesariamente la familia empresaria, porque si esta tiene auténtico espíritu emprendedor y voluntad de continuar iniciara un nuevo negocio. Continuar con el negocio actual ha de ser una opción, no una obligación
La presión del día a día hace que en muchos casos la planificación se limite al aspecto empresarial. Pero también ha de prestarse atención a la planificación de la familia empresaria como tal. Y esta planificación ha de hacerse a largo plazo, pensando en la siguiente generación. Este hecho puede llevar a aplazarla a “calendas griegas”. Pero no podemos dejar cada día para mañana la planificación de objetivos fundamentales para la continuidad como son la implicación y la formación de los continuadores, y el relevo de los predecesores.
Planificar la implicación de la siguiente generación quiere decir que conozcan y amen el negocio. Conocer y amar se retroalimentan mutuamente. No se puede amar lo que no se conoce, y cuanto más se conoce más se ama. La semilla de la implicación se planta en la infancia, por ejemplo con lo que se explica sobre la empresa en la sobremesa. Se ha de prestar atención a no transmitir, tal vez de forma inconsciente, sólo problemas y desasosiego en relación a la empresa. Implicar no quiere decir eliminar la libertad de elección. Los continuadores han de poder decidir consciente y libremente su incorporación o no a la empresa, bien sea como trabajadores, directivos, gobernadores o simples propietarios.
Planificar la formación de la siguiente generación quiere decir capacitarlos en los conocimientos y habilidades para poder desarrollar de forma profesional el grado de implicación que escojan. En todo caso, se les ha de formar como propietarios responsables. Porque el resto, es decir el trabajo, dirección y gobierno se pueden subcontratar, pero la propiedad no. Y los propietarios de una empresa familiar han de ser más profesionales que los de una cotizada; porque tienen más difícil la salida, y porque suelen tener una mayor concentración de patrimonio en la empresa familiar. Un propietario responsable sabe hacer en el momento y lugar adecuados las preguntas pertinentes. Sabe encontrar opinión autorizada para los temas que no domina y le pueden afectar. Conoce cuáles son sus derechos y deberes, que en una empresa familiar son más altos que en una no familiar. No son socios champiñón, es decir que no viven a oscuras alimentados a base de dividendos. La formación como personas y como accionistas responsables es una de las mejores inversiones que puede hacer la familia empresaria.
Planificar el relevo quiere decir muchas cosas. El relevo de las personas en los puestos de dirección y gobierno, que en muchas ocasiones empieza por fijar edades limite, para evitar que a los continuadores se les pase el arroz, como a Carlos de Inglaterra. Quiere decir también, planificar la profesionalización de la empresa y de los órganos de gobierno mercantiles, ejecutivos y familiares.
No planificar es planificar el fracaso. Al planificar se han de prever alternativas, Murphy existe ! Planificar no garantiza la felicidad, pero aumenta su probabilidad.

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