ORGULLO EMPRESARIAL (Indicador 10/10/20)

Cuando el héroe Hércules llego al fin del mundo se encontró con Atlas, un titán que estaba cansado de sostener el mundo sobre sus espaldas. Ana Ryan cogió el nombre de este titán para su novela “la rebelión de Atlas”, en la que explica la gradual desaparición de los empresarios de la sociedad de la que en definitiva son los generadores de progreso y bienestar.

En Barcelona quitaron el nombre de la plaza Antonio López, uno de los principales empresarios relacionados con la Barcelona del siglo XIX. Tal vez esta decisión ha sido acertada. En su lugar es poco probable que pongan el nombre de un empresario. Los empresarios no están de moda para muchos de nuestros políticos y ciudadanos.

Por eso es muy importante acciones como las de Escola-Empresa de FEMCAT en las que se trata de acercar a los estudiantes de bachillerato a la realidad del mundo de la empresa, a lo que significa y supone ser empresario. Cuando se habla a estos jóvenes de las cualidades de un buen empresario la que ponen más en duda es la de la honradez. Esto puede ser debido a que suele ser más noticia en los medios de comunicación los malos que los buenos comportamientos de empresarios, sacerdotes y políticos.

También suelen considerar que la principal motivación de los empresarios es ganar dinero. Es bien cierto que hay que ganar dinero para que las empresas puedan generar riqueza y continuar. Bien cierto que el dinero es una forma de medir el buen hacer. Pero pensar que los empresarios están sólo para ganar dinero es como decir que viven para respirar.

Los poetas, políticos actores y deportistas y muchos otros son muy importantes para la historia y se merecen reconocimiento y que se les dediquen calles y plazas; pero también se lo merecen los empresarios. Hace falta que la sociedad reconozca la aportación de los empresarios a su progreso. Y que lo haga reconociendo de forma pública, en primer lugar, el buen hacer de los próximos de cada población.

Volviendo al inicio de esta columna, los empresarios encuentran cada día más pesada la carga de la empresa. La carga normativa es creciente e inalcanzable. El cilo de vida de los negocios se esta acortando. La Covid ha puesto contra las cuerdas a más de uno. Es necesario que la sociedad, empezando por sus representantes políticos en todos los ámbitos reconozca de forma pública y constante el buen hacer y la necesidad de los empresarios. Es necesario que den soporte al orgullo empresarial.

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