Mitología grecocatalana (VIA Empresa 15/1/21)

El 14 de febrero, día de Eros, dios del amor, más conocido entre nosotros por su homónimo romano Cupido, los catalanes estábamos, de nuevo, convocados a las urnas para escoger nuestro gobierno autonómico. Pero, parece que se puede ir en metro pero no a votar.

Son unas elecciones con muchas incógnitas, no sólo de fecha. Parece que el que fue el partido más votado en las anteriores será casi marginal, y lo puede sustituir  el partido liderado por el exministro de Sanidad. Quién ganará de los dos líderes independentistas? Pasará la extrema derecha a la derecha? Obtendrán los independentistas la mayoría de votos?

Todas estas incertidumbres no impiden que más de uno hable del día de la marmota, popularizado por la película protagonizada por Bill Murray, en el que se repite el pasado de forma circular. «Lo volveremos a hacer» puede apoyar esta idea, pero quizás sería mejor hablar de Sísifo. Era el promotor de la navegación y del comercio, pero avaro y mentiroso. Se consideraba el más astuto y habilidoso de los hombres, y cometió ilegalidades para lograr sus objetivos.

Por eso, fue condenado a empujar una enorme piedra cuesta arriba por una vertiente empinada, pero antes de lograr la cumbre del cerro la piedra siempre iba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo, desde el principio, una vez y otra.

Esta historia fue descrita en la Odisea, dentro de la descripción del largo viaje de vuelta de Ulises, después de la guerra de Troya, en su querida patria Itaca. Viaje que algunos quieren repetir; confundiendo el sueño homérico con uno de onírico, en el que las alucinaciones sensoriales se confunden con la realidad. Un gran maestro de la plasmación de sueños oníricos, fue el loco más sensato Salvador Dalí. Este, en una de sus famosas esculturas representó a Ícaro. Este volando se acercó tanto al sol que fundió la cera de sus alas, y cayó en nuestra querida Mediterránea, donde murió ahogado.

Parece que la cita electoral está en manos de Tiqué, la diosa griega de la fortuna. Confiamos que esto sea un buen auspicio, es decir una buena señal del futuro. Los auspicios eran la sustitución romana de los oráculos griegos, observando el vuelo de las aves.

Decidirán los manantiales del Olimpo el futuro de los catalanes como lo hacían en la época de la democrática Atenas de Aristóteles y Platón, o lo haremos los catalanes? Que no sea que el próximo presidente de la Generalitat sea escogido por la cagada de un palomo, como lo fue el Papa Fabià en 236.

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