MARX TENÍA RAZÓN (Regio7 7/6/20)

Durante estos casi dos meses de confinamiento a diferentes grados los empresarios han pasado de preocuparse por la caja a hacerlo por el futuro de su negocio. Los hay que han pedido créditos ICO no tanto porque lo necesiten para sobrevivir sino para afrontar la inversión necesaria en tecnología en el nuevo escenario. Otros para aprovechar oportunidades de inversión en el sector o en otros. Puede ser buen momento para diversificar. Hay sectores i nichos que aumentan, como por ejemplo los relacionados con formación a distancia. Los relacionados con alimentación básica al consumidor final nos han recordado su carácter anti-cíclico y son atractivos para inversores que buscan seguridad y rentabilidad en este momento.
Los que han tenido pedidos temen una caída a medio plazo, ya que muchos han sido para aumentar stocks, i además se espera una caída de la demanda final. No hay previsiones de compras. Se tiene miedo al efecto dómino, por ejemplo, del sector hotelero.
Preocupa la posible responsabilidad de la empresa, de sus administradores y consejeros frente a reclamaciones por covid-19 al ser considerado accidente de trabajo. Todo lo que pasa en horario laboral (in intinere incluido) tiene esta consideración. Y en caso de muerte o invalidez puede haber sanciones, y estas no son cubiertas por los seguros.
Se ha de facilitar al máximo la conectividad de los clientes. Hace falta formar a los equipos para facilitar tours virtuales por la tienda o el stand. Pero, como dice Montserrat Soler, “la digitalización de los procesos comerciales no supondrá la desaparición de los comerciales”. El teléfono no acabo con ellos, y tampoco lo hará internet. Los buenos comerciales, los que saben ganarse la confianza de los clientes y cerrar la venta, tienen el futuro asegurado; porque “son los que traen el dinero”, siempre que las ventas se cobren.
Las empresas pueden subirse a la tecnología o no, pero no pueden evitarla. Han de pensar que pasa si la competencia sube y nosotros no. Muchas empresas salieron de la gran recesión fortalecidas en internacionalización, ahora a lo mejor lo hacen en online y teletrabajo. Seguramente no será causa de éxito, sino requisito de no fracaso. Y una vez subidas tendrán que hacer frente a la ciberseguridad y protección de datos.
Uno de los efectos de covid-19 está siendo acelerar cambios que ya estaban entre nosotros. Se ha de evitar que las herramientas se conviertan en objetivos. Uno de los retos del teletrabajo será luchar contra la desvinculación. Covid-19 ha trastocado la escala de prioridades: la familia ha subido. Se ha cambiado el contrato psicológico con la empresa. Preocupa cómo hacer frente a un escenario con aumento de peticiones de reducción de jornada y similar por conciliación familiar.
Un reto es la gestión de emociones y del estrés, personal y de los demás. Recordemos a Maslow y su pirámide, en situaciones de crisis las motivaciones fisiológicas y de seguridad (física, mental y financiera) adquieren importancia. Los colaboradores tienen incertidumbres, hay que trasmitirles confianza. Hay que aprender a liderar equipos virtuales.
La preocupación de los propietarios inmobiliarios no es tanto cobrar las rentas del estado de alarma, como que futuro tienen muchos locales y oficinas. Se ha de facilitar su reconversión a viviendas.
Hay miedo de que el necesario soporte a los necesitados con la renta mínima vital se convierta en des-incentivador económico, como parece que es el PER.
Hay quien desea que vengan los hombres de negro, porque “con esta tropa no nos saldremos”. En lugar de centrarse en cómo conseguir el máximo de fondos europeos y como aplicarlos, lo hacen principalmente en luchar pos su espacio político. No es que algunos quieran venezualizarnos sino que la mayoría parecen auténticos incompetentes. Muestra de esta incompetencia son la oportunidad de las medidas fiscales del impuesto de patrimonio y sucesiones de la Generalitat de Cataluña, i muchas de las declaraciones de vicepresidente del Gobierno Central. Fruto parcial de esta incompetencia es la decisión de Nissan, tomada dentro de una estrategia global, favorecida por nuestro clima político tan poco business firendly. Hace tiempo que se ha perdido el hilo entre la política y la sociedad civil. Nissan tendrá mucha repercusión en los medios, pero no es nada comparado con los miles de autónomos y pequeños empresarios que no salen a quemar neumáticos en las carreteras.
Algunos empresarios están llegando a la conclusión de que Marx tenía razón al decir que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

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