LOS 7 PECADOS CAPITALES DE LA FAMILIA EMPRESARIA (El Segre 25/6/19)

I.- OLVIDO. Olvidar que si la empresa no funciona se ha acabado la historia. Mantener la empresa con proyección de futuro es un reto en un mundo cambiante. Las recetas de ayer a lo mejor no valen para mañana. Se ha de acertar en los indicadores clave del negocio a controla, entre los que estará la tesorería. Se ha de premiar la eficacia sobre la eficiencia. Se ha de recordar que el éxito suele ser fruto del trabajo en equipo. Que confiar y delegar no quiere decir abdicar del control.
II.- INFLEXIBILIDAD. No salir del cuadro mental que nos limita en la observación de la realidad y en la toma de decisiones. Para poder vivir sin parálisis por análisis vamos formándonos una serie de juicios previos que nos facilitan la toma de decisiones. Estos pre-juicios nos pueden limitar la visión de la realidad que nos envuelve. Además, podemos olvidar que la realidad depende del punto de vista. I finalmente hemos de recordar que sólo vemos una parte de la realidad.
III.- ADNITZACIÓN. El ADN no garantiza la herencia de la capacidad y voluntad empresarial. Los padres podemos ser poco objetivos en la valoración de las capacidades de nuestros hijos, tanto por exceso como por defecto. Solemos sobreestimar o sobre exigir. Por lo tanto, es conveniente tener en cuenta opiniones externas realmente independientes para valorar la capacidad de los continuadores. También hay una serie de indicadores de cómo que estos estén logrando una formación adecuada y tengan una carrera exitosa fuera de la empresa familiar. Por lo que respecta a la voluntad de continuar nos hemos de plantear si esta es realmente libre.
IV.- CONFUSIÓN.
Confusión de familia y empresa. Son dos mundos muy diferentes. La familia busca la felicidad de sus miembros, y se rige por el reconocimiento, la estima y el amor. La empresa busca el beneficio, y se rige por la meritocracia: capacidad, resultados y responsabilidad. Lo peor es tratar a la empresa como familia, y a la familia como empresa. Ha de saberse en cada momento y lugar que sombrero se lleva. Normalmente lo que es bueno para la empresa a la larga es bueno para la familia.
Confusión de propiedad y capital. Los acionistas de una compañía aérea por el simple hecho de serlo no quiere decir que estén capacitados para dirigir el tráfico aéreo o pilotar un avión. La confusión entre propiedad, gobierno y dirección en la empresa familiar viene facilitada por el hecho de que es habitual que en la época inicial de su vida todas estas figuras coincidan en la figura del fundador.
V.- INCOMUNICACIÓN. Muy relacionada con la inflexibilidad. El mejor lubricante para las relaciones es la comunicación. Comunicación es más que hablar, es más que escuchar; es un diálogo empático en el que comprendemos los sentimientos del otro. La empresa familiar puede ser uno de los lugares con menos diálogo sincero: puede haber un exceso de respeto o miedo al conflicto. La comunicación ·se mama” desde pequeños en casa, pero también se puede practicar creando espacios de diálogo sincero. Los retos a los que con mucha probabilidad deberá hacer frente la familia empresaria son muy previsibles (incorporación, dividendos, liquidez…), más vale hablarlos con antelación, cuando no hay prisas ni presiones.
VI.- INPROVISACIÓN.
Una de las características de un buen empresario es la planificación. Al igual que se hace planificación de la empresa, también hay que hacerla de la familia empresaria. La principal diferencia es de plazos, la familia empresaria ha de pensar a nivel generacional, es decir a 20 años vista. Hay que establecer una visión, y en función de ella unos objetivos, y los correspondientes planes de acción. Ha de planificarse la profesionalización de la empresa, desde las normas de incorporación, hasta las estructuras de gobierno empresarial y familiar. Ha de planificare el relevo en la dirección, gobierno y propiedad. Ha de planificarse la solución a los retos previsibles a los que deberá hacer frente la familia empresaria, como pueden ser el reparto de dividendos o la liquidez de las participaciones. Ha de planificar-se la transmisión de valores y de amor por la empresa.
VII.- SOBERBIA. El peor de todos los pecados capitales en el que puede caer la familia empresaria es el de la soberbia. El de creerse inmunizados contra los pecados capitales. El pensar “a nosotros esto no nos hace falta”. El posponer de forma indefinida los temas. El ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio.
Otro día hablaremos de los ángeles que la familia empresaria tiene para luchar contra sus demonios.

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