LA EMPRESA FAMILIAR ANTE LA POLITICA (Expansión 14/11/23)

Saben aquell que diu que un político es una persona que ante un problema realiza un diagnóstico falso y aplica una solución equivocada, generando uno aún mayor.

La política vuelve a estar en el candelero, en Cataluña y en el resto de España. La familia empresaria debe tener claro cuál es el foro para hablar de política, y la empresa parece que no es el más adecuado. La mayoría de familias empresarias optan por mantener un perfil bajo en temas políticos, aunque algunas –como los Font en Bon Preu, o los Molins con el traslado de sede- toman partido de forma bastante clara; pudiendo ser ello causa de desencuentro entre accionistas que no siempre tienen una salida fácil de la sociedad.

La empresa familiar tiene dos componentes: empresa y familia. La primera debe adaptarse, en principio, al entorno y entenderse con los gobiernos de turno. La empresa no es el lugar para la política, más allá de lo que afecte directamente al negocio; aunque la linea divisoria a veces puede ser muy difusa: la seguridad ciudadana o jurídica, la inestabilidad política, pueden ser muy perjudiciales para la mayoría de empresas (a lo mejor no para las de seguridad, por ejemplo). Los objetivos de la empresa son satisfacer a sus clientes, potenciar a sus colaboradores, crear valor para sus accionistas y riqueza para la sociedad. Si quiere influir en la política lo mejor es que lo haga mediante lobby, de forma legal –no hace falta volver al pistolerismo de los años 20 del siglo pasado-, a través de organizaciones empresariales.

En la familia los sentimientos están más presentes que en la empresa, y la política –como el futbol- puede ser muy pasional; las emociones pueden nublar la razón. La familia es el crisol donde las personas nos formamos y adquirimos los valores. Es esencial que sepamos mantener nuestras posiciones con respeto. Debemos comprender de forma empática a los demás –lo que es más fácil de decir que de hacer-, ya que todos tenemos parte de razón y nadie la tiene toda. Hay que evitar que la manifestación de posiciones políticas opuestas extremas sea una constante en la relación, recordando que además de la comunicación verbal está la no verbal de los símbolos, ya que ello puede acabar enturbiando la relación (más de un grupo de WhatsApp familiar se ha roto por política en Cataluña). Entre familia y empresa hay vasos comunicantes: una familia enfrentada puede acabar con la empresa.

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