FAMILIA EMPRESARIA TOMAS II (VIAempresa 16/6/21)

Enrique Tomás: tres hijos y un sucesor foráneo
Núria Tomás Mendo (1987). Algunos padres se desviven para que su hijo sea futbolista y lo llevan cada día a entrenar y cada sábado y domingo a jugar el partido; Núria Tomás tiene la misma sensación respecto a su padre y la empresa familiar. Con 12 años, empezó a trabajar los fines de semana; su padre, Enrique Tomás, le decía: «Ya veremos qué vocación tienes, pero un oficio tendrás; de hambre no te morirás». Y ella dice que su oficio real es carnicera y charcutera. Aprendió detrás del mostrador con Rosy, que es como de la familia. Cuando sus amigas se iban de Erasmus, ella iba felizmente a cortar conejo procurando que no se le astillaran. Lloró más de un día detrás del mostrador cuando las clientas decían: «Que no me atienda la niña».
Su doctorado fue de los 20 a los 25 años al hacerse cargo de recursos humanos de la empresa de jamón. A su padre le costaba delegar, puesto que es el corazón de la empresa; y se dejó la piel para enseñarle, puesto que «es un maestro nato, no hace nada sin alguien a su lado para aprender». De ella, su hermano Albert dice que «tiene un carácter parecido al de su padre, y no siempre congeniaban».
En 2012, se va a abrir las tiendas de Madrid (tres en una semana), y después de dos años las puede compaginar con estudiar interpretación. Crea una productora de teatro, con éxito de tres semanas en el Fernán Gomez con la obra Aquí. Pero cuesta mucho vivir del teatro, y como llevaba el marketing y la comunicación en Enrique Tomás y cada vez más conocidos le pedían cosas, se decide a crear Apolox Comunicación (10 empleados), iniciada con la pandemia, que tiene también la cuenta de Aguakmzero, la empresa de su cónyuge, entre otras. Con ella confía satisfacer sus inquietudes de hacer cosas y encontrar el equilibrio con la empresa familiar.
Dice que las ventajas de trabajar con la familia son la confianza y poder estar el domingo trabajando, que son también las desventajas. Su padre «es un cargador de baterías -sales pensando que te puedes comer el mundo-, pero también tiene sus momentos malos, como todo genio». Dice que sus padres han hecho un trabajo admirable en la relación entre los hermanos y que su madre ha sido el pilar que ha sustentado el equilibrio de la familia; el principal legado que les ha dejado es que no se consigue nada sin esfuerzo.
Núria fue noticia en la prensa rosa, y sabe en propia sangre que las noticias personales pueden afectar a la empresa familiar que lleva el nombre propio. Cree que en su caso las tiendas de los aeropuertos han dado tanta fuerza a la marca que esta ha sobrepasado el apellido familiar, reduciendo el riesgo de la repercusión de las actuaciones personales.
Tiene muchas ganas de conocer al próximo director general: «Tiene que ser de un perfil que se ajuste muchísimo a la idiosincrasia de la empresa. Tendrá que adaptarla al futuro manteniendo la esencia de Enrique Tomás. Tiene que tener más corazón que nadie, porque Enrique Tomás es entrega, pasión y dejarse la piel; más que simples proyectos y procesos. Tiene que tener mucho recursos humanos, visión global e idiomas».

El hijo mediano
Albert Tomás Mendo (1992). Desde pequeño, lo ha marcado mucho ser integrante de una empresa familiar. Estudió grado de imagen y sonido; de pequeño quería ser DJ, pero durante la adolescencia no sabía qué hacer y su padre le propuso hacer un máster práctico. Era una motivación para Enrique. «Lo que tienes en casa puede ser lo que menos te apetece; el concepto de charcutería no me atraía, pero el de barra de degustación, sí; lo veía más divertido. Teníamos 10 locales, y ahora 109, ha sido una experiencia vital acojonante; me alegro de haberle hecho caso».
Se inició el primer año con la inauguración de la primera barra degustación en Glòrias; después, otra en la tienda de La Farga (l’Hospitalet). Un año de adjunto a su padre, sin ningún trabajo concreto; escuchándolo y asistiendo a todas las reuniones. Pasó a apoyo y formación de aperturas; el concepto de degustación era nuevo. La salida de la socia lo llevó a lo que resultaría ser la dirección de operaciones, que es «la patata caliente de la empresa», durante cuatro años. La incorporación de Carlos Dasilva cuando ya tenían 60 puntos de venta impidió que se ahogara y le permitió pasar a codirector con su padre en el momento en que se iniciaba la internacionalización. Las tareas del día a día han recaído cada vez más en él, permitiendo a Enrique centrarse en la estrategia. Hace tres años, crearon un comité de dirección y, hace un año, un consejo de administración, para ir creando estructura y no tener que «hacerlo todo a pulmón». Enrique es contrario a protocolizar los procesos, tiene «pánico a la reunionitis».
Enrique es «un genio visionario, con energía autorenovable, que crece en los momentos difíciles; con un corazón muy grande; un chaval en un cuerpo de hombre de 53 años»; pero con «una intensidad desmedida» que «abre puertas sin cerrar las anteriores». Es «capaz de llevar 10 balones en el aire y continuar andando». Dice que no es anulado por su padre, porque tienen carácter muy complementario; es su contrapeso poniendo orden y calma en los procesos. No tiene necesidad de protagonismo.
El futuro de la familia empresaria le preocupa poco, porque han hecho el primer plan estratégico del negocio a tres años vista, y cada vez es más viable una dirección no familiar. «Se tiene que proteger que la empresa, por una mala decisión familiar, no dé un paso atrás». No tiene vocación de director general; quizás haber nacido en Alella le ha inculcado pasión por el vino, pero no aspira a ser bodeguero, lo que le motiva es acercar la cultura del vino a los consumidores. Para tomar con jamón recomienda el vino espumoso o el blanco, pero para los amantes del vino tinto ha creado Maridaje tinto de Enrique Tomás, con garnacha del Montsant.

El más pequeño
Eric Tomás Álvarez (2017). A Núria, tener un hermano que podría ser su hijo, no le preocupa en absoluto, dice que es adorable y hará buen tándem con su hijo Aolo (2020). Para Albert, fue un trauma durante el embarazo, pero es un «angelito que te comerías» a quien es un gusto hacer de canguro, con su pareja Amanda. En el día de mañana, se podrá integrar, si le apetece, a la compañía. Cree que si la representación de Eric la tuviera su madre no habría conflicto; han hecho muy buena relación y ella tiene su camino empresarial.
Enrique no se ha planteado la relación de Eric con la empresa, pero espera que esta esté suficientemente estructurada como para poderse incorporar después de sus estudios universitarios. Su madre tiene una clínica de estética con 23 empleados, que en su tercer año ha facturado tres millones de euros, y que está lanzando un proyecto mundial de cosmética online, y dice que «ojalá no trabaje con ninguno de los dos». En el testamento (no todos los empresarios lo tienen hecho), está establecido que se cumpla la previsión legal y que la representación de Eric en el negocio la tenga la madre. Esta es una cuestión que conviene que las familias empresarias prevean, sobre todo a partir del fundador, en previsión a divorcios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.