FAMILIA EMPRESARIA TOMAS (I) (VIAempresa 11/6/21)

Familia empresaria de pata negra
Enrique Tomás Ruiz, Badalona 1966 (55 años). El benjamín de 11 hermanos es un tendero nacido detrás del mostrador; empezó con 10 años al salir del colegio en el negocio de alimentación familiar. Dejó los estudios en octavo de EGB y con 16 años abrió, en 1982, su primera tienda propia, en el Mercat de la Salut de Badalona. «Mi padre era un buen tendero (llegó a tener tres paradas) pero no tenía vocación empresarial». En 1987, decide especializarse en jamones. Sacó la tienda a la calle para huir de la limitación horaria del mercado, pero manteniendo la forma de atender (saber el nombre del cliente y hablar con los de la cola para que no se vayan). «La venta acaba cuando el cliente vuelve».
Es emprendedor y fundador de Enrique Tomás, una empresa familiar con vocación de continuar en manos de la familia. Él se define como un «realizador de negocios» y le gustaría ser recordado como una buena persona. Yo lo calificaría de arrollador, expresivo y apasionado. Es un self-made man (hombre hecho a sí mismo), como dirían los anglosajones. «Fracaso continuamente, pero nunca he bajado los brazos». No tiene pelos en la lengua y se moja. «Las clientas no vienen a comprar, vienen a hablar contigo», le decía su primera mujer. No es modesto: «Soy el tio que más sabe de jamón en el mundo». Tiene dos hijos de un primer matrimonio y un tercero del segundo; no descarta tener el cuarto. «Tener una mujer [la segunda] tan joven [31 años] te hace replantear muchas cosas; los que somos competitivos, lo somos incluso para ver quién mea más lejos, hasta que te das cuenta de que es absurdo». Ha tenido barco y avioneta, vendió el Porsche porque no cabía el cochecito del bebé.
Dice que «la clave del éxito se encuentra en un millón de pequeñeces. Lo primero que tienes que hacer es soñar, saber adónde quieres ir y ser capaz de desviarte del camino, si es necesario. No sabes donde puede sonar la flauta [vender jamón en los cines como sustitutivo de las palomitas le dio gran notoriedad en 2013]. Para una pyme, crecer no es opcional. Tienes que rodearte de gente que sepa».
«Tal como mis dos hijos mayores iban creciendo, me di cuenta de que lo que realmente quería era hacerlo con ellos, así que decidí esperar a que tuvieran edad para poder vivirlo conmigo». En el año 2011, se incorporan al negocio: «Poder desarrollar un proyecto con tus hijos es ilusionante»; les planteó «poner nombre al jamón en el mundo». Se abre la primera franquicia y la tienda online.
En 2012, con Jamoneando, llena el Palau Sant Jordi, con Isabel Pantoja y el apoyo de Justo Molinero; 7.000 de los asistentes consiguieron la entrada comprando un jamón. En 2014, abren la primera tienda en el extranjero (Londres). En 2016, la primera en un aeropuerto (T4 Madrid) y denomina a Nuria y Albert apoderados solidarios. En 2018, ponen sus jamones en órbita con la NASA. Durante la pandemia, han vendido la máster-franquicia en Japón. Del Museo del Jamón (2014-17) aprendió que los proyectos realmente importantes los tienes que hacer con gente que conozcas muy bien.
Dice que es partidario de un crecimiento grande y ordenado. Estos son algunos datos de la empresa: en 2010, 15 millones de euros en ventas con 262 empleados; en 2015, 50 millones, 400 trabajadores y 80 tiendas; en 2019, 80 millones de ingresos, 108 puntos de venta y un ebitda de 4,8 millones. Pero en 2020, las ventas caen un 50% hasta los 40 millones. En 2021, esperan remontar hasta 60 millones, con 90 tiendas y 500 empleados. Venden un 3% online y exportan el 10%.

«Entre Zara y McDonald’s»
El concepto de negocio continúa evolucionando; hoy, las tiendas tienen que vender un mínimo de un millón al año (hay una que vende ocho). La de la avenida Diagonal con Passeig de Sant Joan se está ampliando a 500 metros cuadrados para ser la nueva flagship store (tienda insignia); las tiendas internacionales tienen que tener un formato más de restaurante: los extranjeros no entienden que haya jamón sin paella.
Quiere «escribir una oda al jamón, ser un referente entre Zara y McDonald’s, en el mundo de los jamones», aunque le merece más admiración el señor que saca adelante su pequeño negocio que Amancio Ortega. «Se tiene que crear cultura del jamón, pueden ser tan diferentes como una naranja y un limón; el jamón crea adicción.»
En 2017, dijo: «En seis años, daré un paso al lado y dejaré el día a día, y decidiré con mis hijos quien se hará cargo de la empresa; no dependerá de la sangre, sino de la capacidad.» La covid-19 le ha reafirmado la idea: «Dar un paso al lado no es dejar de trabajar, es dejar de tomar las decisiones». ¿Será capaz de hacerlo y actuar como un «embajador» dispuesto a ayudar cuando se lo requiera, como un general que volverá al mando cuando surjan dificultades o morirá con las botas posadas, como los «monarcas»?
«No es una cosa que se haga de repente, y hace un año y medio que se crearon las estructuras para poderlo hacer». Un consejo de administración formado por cinco accionistas bajo la presidencia de Enric Crous (74 años, ha sido director general de Damm, Mercabarna y Fira de Barcelona) y un comité de dirección con las mismas cinco personas más los responsables de recursos humanos y de aeropuertos. Conviene recordar que una de las funciones del consejo de administración es controlar la dirección; la alta duplicidad de integrantes puede dificultar esta tarea.
Están en pleno proceso de fichaje del próximo director general. Su ilusión era que lo fuera su hijo Albert, a quien considera capacitado, pero este prefiere centrarse en su pasión: los vinos. Enrique parece que ha sido capaz de que su hijo conozca y quiera a la empresa familiar, pero respeta su decisión libre; y es que la tentación de mediatizarla puede ser muy alta. No descarta que el día de mañana Albert cambie de opinión.
«Una empresa familiar es mucho más que una empresa de familia de sangre; hay gente que no son como de la familia, sino que son de la familia. Como Jose Luis, que hace 38 años que se incorporó; Rosy, 35; Raquel, Manolo o Susana [algunos son socios en algunas de las tiendas]. Los tienes que tener en cuenta al tomar decisiones que les pueden afectar».
Recomienda a sus hijos que, para entenderse el día de mañana, «nunca reaccionen en caliente y que recuerden que es más importante la relación que tener la razón».

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