FAMILIA EMPRESARIA AMAT (VIA Empresa 21/1/21)

La lucha de las Amat se escribe en femenino

Imma y Joana Amat heredaron la empresa familiar que su madre sacó adelante sin tener experiencia después de la muerte de su marido

Joan Amat Sala trabaja en Finques Guinot y decide independizarse, abriendo oficina en su pueblo y en un local de Gràcia propiedad de un pariente. Al cabo de cuatro años le diagnostican un linfoma y muere en 15 días: deja a una hija de dos años y a una viuda embarazada. La segunda hija nace al día siguiente del entierro. Ella se plantea qué hacer: si volver al trabajo de administrativa al que tenía derecho por ley o hacerse cargo de un negocio con el que no tiene nada de experiencia. Todo el mundo le aconseja la primera opción, pero ella decide sacar adelante lo que considera un legado de su marido, en homenaje a él y un futuro para sus hijas. Estamos en Sant Just Desvern en 1952; ¿qué habríamos hecho nosotros en su lugar? Mujer, viuda de 25 años, sin estudios ni experiencia, en una sociedad en la que para abrir una cuenta corriente necesitaba autorización de su marido o padre, y en un sector claramente machista. En todo caso se tiene que reconocer que «hay que tener lo que hay que tener» para hacer lo que decidió Concepció Amigó.

Hay para escribir un libro. Mientras esperamos a su publicación, quien quiera saber con detalle la historia de la «Viuda Amat» (nombre con el que pasó a firmar) y sus hijas Imma (1950) y Joana (1952) sólo tiene que leer el caso de Finques Amat elaborado por ACCID o ver la grabación de la conferencia que se impartió en el Cercle d’Economia el 27/11/18. Fruto de estos documentos y de hablar con integrantes de la familia es esta columna de hechos y reflexiones sobre la familia empresaria Amat.

Concepció perdió la mitad de los 80 clientes que tenía su marido y tuvo que ir acompañada a las visitas por su hermano durante cuatro años. Era la única mujer en el sector, y esto marcó la empresa que se convirtió en exclusivamente femenina hasta la ley de paridad de 2008. Esta discriminación sexual les supuso algunas sanciones administrativas. Actualmente, los hombres representan el 20% de la plantilla. Más adelante, también fueron amonestadas por el Colegio de APIs por el hecho de alquilar escaparates para hacer publicidad a pie de calle, hecho que fue toda una innovación en aquella época.

Nadie preguntó a Imma y Joana si querían continuar con el negocio; lo mamaron desde pequeñas haciendo recibos mensuales a mano (hecho que las animó a automatizar su confección cuando fue posible) y yendo a cobrarlos durante los fines de semana tan pronto como tuvieron edad para poder hacerlo, con 14 años. Esta experiencia les permitió conocer barrios menos idílicos que el todavía rural en el que vivían y las hizo germinar una conciencia social que dio un importante marchamo a la empresa. También fue importante para ellas crecer en la casa solariega, donde volvió la madre y donde convivían 12 personas de tres generaciones; esto las enseñó a negociar de forma continua. A los 18, ya llevaban reuniones de comunidad, donde afloran todas las pasiones imaginables.

Derechos laborales pioneros

Esta huella social y femenina llevó a facilitar la conciliación familiar, dando seis semanas de vacaciones al año y buscando soluciones a medida para cada caso concreto de forma que ninguna empleada tuviera que dejar de trabajar por el hecho de ser madre. Muchas trabajadoras actuales «han nacido» en Finques Amat. La primera empleada entró con 14 años y se jubiló a los 65.

Concepció trabajaba 24/7 hasta que, a mediados de los 60, abrieron oficina fuera de casa, hecho que permitió poner un horario. Avanzaba los alquileres de los inquilinos con dificultades y esto ponía muy contentos a los propietarios, que nunca tenían morosos hasta que Imma y Joana se hicieron cargo de la dirección cuando el negocio se informatizó a principios de los 80; si bien Concepció mantuvo la gestión de su cartera de clientes hasta los 85 años. No se quejó nunca cuando sus hijas perdían algún cliente por sus posturas sociales y políticas. Era consultada, hasta su traspaso en 2017, en las cuestiones importantes como la oferta de compra en el 92, que sirvió para analizar y valorar la empresa, a la que contestó: «Vosotras mismas, pero no me parece buena idea; la empresa es un legado de vuestro padre para pasar a vuestros hijos».

En 1960, la Ley de Propiedad Horizontal facilitó ampliar el negocio inicial de administración de fincas al de comunidades. En 1997, por casualidad, abrieron oficina en Sant Cugat del Vallès, hecho que fue un acierto dado el bloqueo político al crecimiento inmobiliario del Baix Llobregat. La LAU de 1994 supuso un aumento de las oportunidades del negocio de alquiler.

Momento de informatizar

En 1992, Imma hizo un PDG en EADA, del que salió con la idea de pasar de ser un despacho a ser una empresa, es decir, a implantar herramientas de gestión empresarial. Lo primero que hicieron fue repartirse las tareas, empezaron a hablar de estrategia y a preocuparse por protocolizar la actuación con las personas (manuales de acogida…), contabilidad analítica, políticas de marketing y primeras informatizaciones.

Pero la crisis posolímpica hizo que los teléfonos dejaran de sonar. Compraron bases de datos para hacer acciones de marketing que fueron un fracaso. Pero tomaron conciencia de la importancia de crear una base de datos propia. La falta de alternativas reales en el mercado para cubrir sus necesidades específicas llevó a acabar comprando la mayoría de una empresa informática participada con otros siete competidores.

El inicio del siglo XXI fue una locura absoluta. En 2006, en el marco de las conferencias trimestrales que organizan para clientes, hacen un se ha acabado la fiesta, por el catedrático Gonzalo Bernardos, pues estaban convencidas de que aquella euforia inmobiliaria no podía continuar mucho más: el número de grúas estaba bajando; los precios, a 6.000 euros por metro cuadrado; y nuestros trabajadores no podían comprar. Las ventas de 3,8 millones de 2007 fueron de 2,5 millones en 2008. En 2011, las ventas habían caído un 80%, pero la plantilla no se redujo. Esto les permitió tener equipo para comercializar los patrimonios inmobiliarios acumulados por la banca.

En 2015, decidieron dar el salto del área metropolitana a toda Catalunya en alguna de sus áreas de servicio. En 2019, facturan 6,5 millones, gestionando 2.400 alquileres de particulares y 2.600 de fondos de inversión (por los que han sufrido escraches); comunidades de propietarios con un total de 14.400 comuneros; intermediaron en la venta o alquiler de 818 inmuebles; con cuatro oficinas y 80 personas divididas en tres áreas de negocio (comercial, patrimonial y comunidades) y dos de apoyo (finanzas y recursos humanos). De 2007 a 2017, no se repartieron beneficios, y los de 2019 aprobados para repartir en 2020 se han paralizado.

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