EBITDAC: el factor coronavirus en el beneficio (Diffusion Sport 29/4/20)

Todos hemos oído hablar del EBITDA (Earnings Before Interest Taxes Depreciation and
Amortitzatión) que para algunos es Earnings Before I Triket the Dump Auditor. Pero ahora nos tendremos que acostumbrar a oír hablar del EBITDAC Earnings Before Interest Taxes
Depreciation Amortitzatión and Coronavirus.

Dicho en romano paladino, es decir en lenguaje inteligible: la mayoría de las empresas tendrán que hacer auténticas filigranas para que su última línea sea negra, es decir para que el resultado sea positivo teniendo en cuenta los efectos del coronavirus COVID-19
Está claro que el tema ira por barrios, pero en casi todos hará falta un buen pulmón para poder acabar felizmente la travesía, y el puerto de arribada a lo mejor no es la soñada Ítaca (¡que nadie le busque segundas al puerto de destino!).
La mayoría de las ayudas públicas para la mayoría de empresas van por el camino de financiar pérdidas más que de eliminarlas. La intención es buena, pero de buenas intenciones esta empedrado el camino al infierno. Si las perdidas fuesen temporales, puede ser suficiente con financiarlas; pero si como parece serán como atravesar el desierto del Gobi, parece que lo que necesitan las empresas es la capacidad de liberar las cargas con rapidez. Ligar los ERET al mantenimiento de los puestos de trabajo puede acabar siendo un relago envenenado para más de una empresa.
“¿Y todo esto quien lo paga?” pregunto Josep Pla en 1954 al llegar a Nueva York. Esta misma pregunta nos la podemos hacer respecto a COVID-19 y a sus consecuencias empresariales y económicas. Algunos a lo mejor dicen “que cada palo aguante su vela”, pero casi todo el mundo trata de “arrimar la ascua a su sardina” y los lobbies funcionan a toda máquina.
Un tema que corre de boca en boca entre los empresarios, sobre todo del mundo del retail, es el de los alquileres. Las medidas decretadas son a aplazamiento y afectan, simplificando, sólo a las pymes inquilinas de grandes tenedores; parece que dejan a las cadenas medianas (una empresa con más de 250 trabajadores ya puede dejar de ser pyme, y el comercio es muy intensivo en mano de obra) a los pies de los caballos de los propietarios de los centros comerciales y de los locales de ubicación prime (calles de primera). Es más, parece que esta regulación impide la argumentación de la cláusula «rebus sic stantibus» que permite hacer frente al principio de «pacta sund servanda», es decir, que impide alegar causas de fuerza mayor para no tener que cumplir lo pactado.
Volviendo a “¿quién paga?” tal vez tan importante, o más, es que los dineros no se gasten en “fiestas”, sino en mantener y crear proyectos con futuro en un mundo que será en algunas cosas muy diferente; pero que continuará formado por personas. Estas necesitamos apoyo en momentos de dificultat, pero con vistas a capacitarnos para afrontar con éxito el futuro.
Los que seguro que pagan una buena parte son nuestros continuadores, por un lado porque volveremos a tener una generación de jóvenes con un paro cercano al 50%; por otro porque acabarán teniendo que hacer frente de alguna manera a la deuda pública que recibirán como herencia. Lo que no les podemos dejar como herencia es empresas que solo piensen en sobrevivir. Han de recibir empresas que tengan y busques una constante diferenciación sostenible. Y han de recibir ánimos para ser emprendedores y empresarios, para superar el EBITDAC.

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