CONTINUIDAD DE LA EMPRESA FAMILIAR (DiffusionSport 23/3/22)

La continuidad de las empresas familiares interesa a todos. Representan el 78% de las españolas, el 68% de los puestos de trabajo privados y el 58% del PIB. Pero sólo el 2,6% sobreviven a la tercera generación. Cierto que continuar es una opción no una obligación, y que las empresas –como las personas- están de paso; pero las sociedades prosperas tienen empresas longevas.
Los factores que influyen en la continuidad de una empresa familiar son muchos. El negocio debe ser rentable (“si no hay harina todo es mohina”), con futuro (“¿dentro de cien años todos calvos?”) y atractivo. Los continuadores deben tener voluntad de continuidad (“no basta con querer, hay que actuar”) y estar capacitados (“hace más el que quiere que el que puede”). La familia ha de entenderse (“cuando la familia no se entiende, la empresa desciende”). La empresa y la familia, en cuanto propietaria, deben estar profesionalizadas en su funcionamiento (integrantes, estructuras y procesos de decisión). Por último, y no menos importante, tenemos la espada de Damocles de la fiscalidad.
Dada la importancia de la continuidad las empresas familiares para el sostenimiento del estado de bienes la recomendación de la Comisión de la Comunidad Europea 94/1069 insto a los estados miembros a adoptar las medidas fiscales adecuadas para facilitar la sucesión de la empresa familiar. En base a ello las empresas familiares de nuestro país gozan de una especial protección; pero menor que en países como Alemania, Italia, Noruega, Portugal, Reino Unido en los que la sucesión en las empresas familiares está exenta de tributación. No vale la pena hablar del impuesto de patrimonio, que sólo se mantiene en España.
Entre los requisitos para ser fiscalmente considerada empresa familiar tenemos el de que la propiedad sea un 5% a título personal de la persona que desea acogerse al tratamiento, o de un 20% como grupo familiar (conyugue, ascendientes, descendientes, colaterales hasta segundo grado: hermanos, yernos y nueras). Entre las propuestas de reforma fiscal está la de aumentar los porcentajes al 15% individual y 40% como grupo. Para ver un ejemplo, una empresa familiar que se divide a partes iguales entre tres hijos (33,33%), y de estos entre los suyos respectivos dejaría de ser fiscalmente empresa familiar, ya que los primos no pueden formar grupo familiar al ser parientes de cuarto grado.
Otra propuesta consiste el limitar la consideración de empresa familiar a las pymes, es decir a las empresas que cumplen dos de los tres siguientes criterios: menos de 250 empleados, facturación inferior a 50 millones de euros y balance inferior a 43 millones. Conviene recordar que una de las debilidades de nuestro tejido empresarial es su reducida dimensión comparativa (la mitad que en Alemania en número de trabajadores), lo que dificulta asumir proyectos como la internacionalización o de investigación y desarrollo. Si ya hay empresas que no aumentan de tamaño para evitar obligaciones sindicales o normativas, esta propuesta sería añadir otro palo a la rueda de la creación de riqueza.
Obviamente hay soluciones para sortear estas propuestas: dividir la empresa en otras más pequeñas que se traspasen a cada continuador; crear sociedades holding para cada grupo familiar si la empresa tiene una dimensión suficiente para considerar operativa a la tenedora de las acciones; o irse a vivir a Andorra o Portugal, ya que la ley aplicable en el impuesto de sucesiones es la de residencia efectiva del testador. En definitiva, soluciones que empequeñecen la empresa o debilitan su funcionamiento, o que sólo están al alcance de unos pocos creando un corralito para la mayoría.
Si se ordeña demasiado a la vaca se corre el riesgo de que deje de dar leche, y de esta manera matar a la gallina de los huevos de oro. Es necesario ser proactivos en todos momento, lugar y circunstancia en la defensa de la continuidad de la empresa familiar, como principal motor de generación de riqueza y empleo para sostener el estado de bienestar. Lo que habría que hacer si queremos tener una sociedad próspera con empresas fuertes para competir con éxito en el mercado globalizado (cerrar los ojos no hace que el monstruo desaparezca) es aumentar el grado de parentesco del grupo familiar hasta el cuarto grado, para incluir a los primos y primas (no sea que se considere sexista la propuesta); y declarar exentos de impuesto de sociedades los beneficios no distribuidos de las empresas familiares.
Es tan, o más, importante prestar atención a la continuidad de la empresas existentes como a la creación de nuevas.

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