PROFESIONALIZAR (Fòrum Carlemany 2/6/26)

LA EMPRESA NO SE PUEDE PROFESIONALIZAR SI NO LO HACE LA FAMILIA

La profesionalización como garantía de continuidad

Profesionalizar la empresa familiar no garantiza su continuidad, pero sí que aumenta considerablemente la probabilidad. Mi experiencia con familias empresarias muestra que es mucho más fácil hablar de profesionalización que llevarla a la práctica.

Sin socios que entiendan qué es una empresa, que conozcan el negocio —aunque no trabajen— y que estén comprometidos con su continuidad, cualquier esfuerzo será frágil. Sería como construir una cabaña de paja sobre arena: el primer golpe de viento se lo llevará.

Empresa y familia: una relación compleja

Para entender bien el reto, hay que asumir que “empresa familiar” es un oxímoron, una aparente contradicción.

•           La empresa tiene que buscar principalmente la creación de riqueza y regirse por la meritocracia.

•           La familia, en cambio, tiene como objetivo la felicidad de sus miembros y se basa en el amor y los vínculos personales.

La profesionalización ayuda a saber qué “sombrero” llevamos en cada momento:

•           Es mi padre o mi gerente?

•           Es mi hijo o mi director comercial?

El peor error es tratar la familia como una empresa y la empresa como una familia.

En este sentido, hay que recordar que el sustantivo es empresa y familiar es el adjetivo. Aunque emocionalmente la familia esté por ante la empresa, a largo plazo el que es bueno para la empresa acostumbra a ser también el mejor para la familia.

Planificación y liderazgo

Profesionalizar también significa gestionar con método. Esto implica:

•           Analizar la situación de la empresa y de la familia con sus respectivos *DAFOs.

•           Establecer objetivos claros y planos de acción, tanto para la empresa como para la familia.

•           Reconocer que el liderazgo es esencial, pero que el éxito a menudo es fruto del trabajo en equipo.

Este enfoque tiene que aplicarse tanto a la organización empresarial como al funcionamiento de la familia empresaria.

Profesionalizar no es expulsar la familia

Algunas personas asocian profesionalización con sacar la familia de la empresa, pero esto es una simplificación errónea. Hay familiares que son excelentes profesionales y directivos externos que no lo son tanto. Profesionalizar significa, en realidad, establecer estructuras y sistemas de decisión y control objetivos, independientes de si la persona es familiar o externa.

La constitución familiar y las reglas del juego

Una familia empresaria profesionalizada acostumbra a disponer de una constitución (protocolo) familiar. Este documento regula las relaciones entre la familia y la empresa y nace de un diálogo empático entre los miembros.

Tiene que ser: actualizado periódicamente y adaptado a la medida de la empresa y de la familia. No es el mismo una empresa que factura 1 millón que una que factura 100 millones, ni una familia de 5 miembros que una de 55.

La evolución de las estructuras con el paso de las generaciones

En los inicios de muchas empresas familiares domina una estructura muy centralizada, en que el fundador controla prácticamente todo. Esta estructura puede ser la más adecuada —y quizás la única posible— en las primeras etapas. Aun así, cuando empresa y familia crecen, hay que evolucionar hacia estructuras más adecuadas. No es el mismo la empresa del fundador que una empresa de hermanos o una de primos.

El fundador a menudo concentra en una sola persona propiedad, gobierno y dirección (un “3 en 1”). Intentar reproducir este modelo en generaciones posteriores acostumbra a generar problemas.

Separar espacios: familia y empresa

La sobremesa familiar es un espacio magnífico para transmitir valores, historia, ilusión por la empresa familiar. Pero no es el mejor lugar para tomar decisiones empresariales. Hay que separar claramente la tabla del comedor de la tabla del consejo.

Con el tiempo es recomendable crear un consejo de administración o asesor con funcionamiento profesional. Este consejo tiene que aportar fortalezas a la empresa, controlar el pasado pero sobre todo orientarse al futuro, evitar intervenir en la gestión del día a día, que corresponde a la dirección.

Su eficacia depende de una composición adecuada, con miembros independientes que aporten valor, reuniones con orden del día, información previa y evaluación periódica, y una presidencia sólida.

El papel de los socios y la comunicación

Una empresa familiar profesionalizada no puede tener socios “champiñón”: accionistas que viven a oscuras y solo se interesan por el dividendo. Hacen falta socios profesionales, conscientes de la diferencia entre: propiedad, gobierno y dirección. El hecho de ser accionista no habilita para dirigir la empresa, del mismo modo que ser accionista de una aerolínea no habilita para pilotar aviones.

La comunicación es clave en este proceso. Tiene que ser clara, estructurada y basada en la escucha activa. Es importante crear espacios específicos de comunicación para la empresa, la propiedad, la familia. La comunicación es, en definitiva, la piedra angular de la profesionalización.

La incorporación de familiares y directivos externos

La incorporación de familiares a la empresa tendría que cumplir algunos criterios básicos: formación adecuada, experiencia profesional previa fuera de la empresa, entrada en una vacante real existente. Trabajar fuera antes de incorporarse ayuda a ampliar la visión y a tener una percepción más realista del propio valor profesional.

En cuanto a los directivos externos, a menudo se sobrevalora la experiencia sectorial y se infravalora que compartan los valores de la familia empresaria.

Los familiares pueden aportar una gran implicación y capacidad de sacrificio. Los esternones, estadísticamente, a menudo aportan una mayor experiencia y objetividad. Y también es más fácil despedirlos, si hace falta, que a un familiar..

Planes estratégicos para la empresa y la familia

La profesionalización empresarial acostumbra a concretarse en un plan estratégico formalizado, presupuesto anual, indicadores clave de rendimiento y seguimiento.

En paralelo, la familia empresaria también tendría que tener un plan estratégico propio, en que se plantee cuestiones como por qué continuar juntos como familia empresaria, por qué no vender o fusionar el negocio, que espera cada cual de la empresa, que está dispuesto a aportar, como y cuando se producirán los relevos en propiedad, gobierno y dirección.

Profesionalización a medida

No hay un modelo universal de profesionalización. Cada empresa familiar necesita un proceso adaptado a su realidad.

Los asesores externos pueden ayudar, pero su papel es parecido al de una comadrona en un parto: facilitan el proceso, pero los esfuerzos y las consecuencias recaen en la familia empresaria.

Los milagros, si existen, se hacen a Lourdes —y no siempre. Profesionalizar empresa y familia es 1% de inspiración y 99% de transpiración.

Profesionalización funcional y estructural

Finalmente, conviene distinguir entre dos tipos de profesionalización:

Profesionalización funcional. Hace referencia a aspectos como la cultura, el liderazgo y los resultados. Es clave para el éxito y la continuidad, pero a menudo es difícil de evaluar objetivamente.

Profesionalización estructural. Se refiere a la existencia de estructuras, procesos y sistemas formales. Es más fácil de verificar y facilita la transmisión de la profesionalización funcional.

Datos sobre la profesionalización de la empresa familiar

En un estudio realizado conjuntamente con Oriol Amat para el Observatorio de la Empresa Familiar de la UPF-BSM, se obtuvo un índice de profesionalización estructural del 35% a las empresas familiares analizadas.

Hay que tener en cuenta que las empresas participantes ya estaban sensibilizadas con su futuro, de forma que la realidad global podría ser todavía inferior.

La elevada dispersión de los resultados indica que coexisten muchas realidades diferentes, incluso entre empresas de medida, generación o sector similares.

La pregunta final

Profesionalizar la empresa familiar no es solo implantar estructuras y sistemas, sino construir una manera de pensar que permita que el proyecto empresarial sobreviva a las personas. Ante este panorama, la cuestión clave es: ¿Tenemos el plan de profesionalización adecuado para garantizar al máximo la continuidad de la empresa y la felicidad de la familia?

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