DIA DEL EMPRESARIO (Expansión 24/6/26)

Si convertimos la historia de la humanidad en la escala temporal de un año natural, contando desde la aparición del Homo Sapiens, la escritura apareció el 30 de diciembre a las 20:26, Jesucristo nació el 31 a las 23:53, América se descubrió el 31 a las 23:57, y la décima campanada de fin de año coincidiría con el confinamiento. La bomba de Hiroshima cayó hace dos segundos.

Los cambios que estamos viviendo en la actualidad (genética, inteligencia artificial, robótica… ) parece que eclipsen la invención de la rueda (26/12 a las 13:55), la imprenta 29/12 a las 9:07) y la revolución industrial (1ª fabrica con vapor 29/12 a las 17:47). Estos cambios de creciente intensidad y velocidad afectan a las empresas, a las familias, a los individuos y a la sociedad en general. Instituciones y costumbres milenarias parece que se deshacen como un azucarillo y son sustituidas por otras, en algunos casos por definir.

En muchos casos nos damos cuenta de los cambios, pero nosotros no cambiamos; nos aferramos a lo conocido. Nos convertimos en observadores maravillados hasta que la angustia se apodera de nosotros, tal vez de forma inconsciente, a lo mejor no por nosotros mismos sino por nuestros continuadores.

El mundo ha evolucionado y las necesidades humanas son otras. Siguiendo la pirámide de Maslow, en gran parte de nuestra sociedad la búsqueda de satisfacción de las necesidades primarias se ha desplazado a otras más psicológicas y trascendentes. Aunque si levantamos la vista fácilmente vemos que en muchos lugares del mundo la necesidad de alimentación y seguridad continua está en aumento. Volviendo a nuestra casa, la escala de valores, la moral, han variado; en unas cosas para bien, y en otras seguramente no tanto. El “yo” ha ganado peso frente al “nosotros” (parece que en la China confuciana esto no es así). La búsqueda constante de la satisfacción instantánea de las necesidades materiales paradójicamente parece que crea insatisfacción; porque tan pronto como se cubre una aparece otra nueva; parece el castigo de Sisifo a subir eternamente una roca por una montaña.

Hay que hacer frente a un torrente de cambios multidireccionales e imprevistos que fácilmente puede llevar a la desesperación. Las decisiones que funcionaban en el pasado dejan de hacerlo con una rapidez asombrosa. La competencia aparece cada día bajo nuevos formatos, canales y soluciones; surgen nuevos modelos de negocio que hacen obsoleto el heredado de nuestros abuelos. Por doquier surge la necesidad de nuevos especialistas para cosas que ni comprendemos.

En este contexto la figura del empresario adquiere una relevancia creciente. Es quien frente a la incertidumbre asume riesgos y lidera, explorando nuevos caminos de forma proactiva. Sin empresarios muchas de las necesidades de progreso y bienestar social no tendrían satisfacción; ellos son quienes encuentran aplicación real al progreso científico. Los empresarios canalizan el talento, los recursos y la tecnología en proyectos sostenibles que crean valor económico y social. Es el empresario quien puede, con agilidad y visión, dar respuestas rápidas y eficaces. El empresario familiar tiene una visión a largo plazo que supera de largo la de muchos políticos.

El concepto del empresario centrado principalmente en la obtención de beneficios es una simplificación de la izquierda ideológica. Los beneficios son necesarios para la empresa como el respirar para las personas; pero no el objetivo primordial de los empresarios. Éstos también buscan solucionar problemas, dar trabajo, dejar una huella que les trascienda. Ser empresario es una responsabilidad hacia los trabajadores, clientes, la comunidad, los accionistas y la familia. La resolución de problemas, la realización de una visión, ofrecer oportunidades de desarrollo a otras personas…. Pueden ser motivadores mayores que la obtención de beneficios.

Por ello el futuro de la humanidad precisa reconocer y reforzar la figura de los empresarios comprometidos; ambiciosos pero conscientes. La historia de la humanidad nos enseña que cada avance precisa de personas capaces de ver el futuro. Hoy, más que nunca, los empresarios están llamados a continuar siendo protagonistas.

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