500 ANIVERSARIO IGNACIANO Y LA FAMILIA EMPRESARIA. (Regio7 12/9/21)

Ese año se celebra el 500 aniversario de las heridas recibidas por Ignacio López de Recalde el 20 de mayo de 1521 en la defensa del sitio de Pamplona ante el francés. Ocasionaron una reorientación total de su proyecto de vida. En el camino de peregrinación a Tierra Santa inició el 25 de marzo de 1522 una estancia de diez meses en Manresa, donde en la cueva a la vera del rio Cardener renació, experimentado los fundamentos del proyecto que le llevaría a la santidad. En 1540, con 49 años, funda la Compañía. Fue parte de la respuesta católico-romana al cisma luterano. Fue canonizado como Ignacio de Loyola el 12 de marzo de 1622. Empezaron siendo 10 y ahora son 19.126, entre los que supongo que no está contado el actual Papa Francisco, que cogió su nombre no en honor al segundo de la Compañía (San Francisco Javier) sino al hermano de los pájaros (San Francisco de Asís).

¿Qué tiene que ver San Ignacio con las empresas familiares? Las empresas y las familias están formadas por personas, y San Ignacio nos ofrece un proyecto de vida personal, y que por lo tanto tiene influencia en la orientación de las empresas y de las familias empresarias; ya que su misión, visión y valores son elementos clave para superar los retos a los que tendrán que hacer frente en su continuidad.

Después de siete años como seminarista y jesuita, Chris Lowney en 1983 colgó los hábitos para entrar en la banca de inversión en JP Morgan, donde trabajo diecisiete años. En 2003 editó su primer libro, titulado “el liderazgo al estilo de los jesuitas” (Ed Garnica), en el que se basa mucho de lo que sigue. Porque si bien yo estudie todo el bachillerato en los jesuitas, es de justicia reconocer que aparentemente bien poco me quedo.

Uno de los fundamentos ignacianos es que todos somos líderes en todo momento, lideramos con “nuestra manera de proceder”. Recomiendan “trabajar como si el éxito dependiese del propio esfuerzo”. Los líderes son flexibles para adaptarse al terreno sin perder el norte; y dirigen con el ejemplo; esto ayudo a la Compañía a penetrar con profundidad en el mundo asiático. Y esto lo consiguen con cuatro pilares:

I.- Autoconocimiento: “ordenar la propia vida”, para lo que el Santo desarrollo un manual conocido como “los ejercicios espirituales”. Hay que hacer examen “al levantarse, después de comer y después de cenar”.

II.- Ingenio: “todo el mundo es nuestro hogar”, e ha de vivir “con un pie levantado” para poder aprovechar las oportunidades. “Si yo construyo otros me seguirán” dijo San Francisco Javier.

III.- Amor_ gobernar con “todo el amor, modestia y caridad posibles” para que el ambiente sea “más de amor que de temor”. “El amor se ha de manifestar en hechos más que en palabras”. “Para que el comentario tenga efecto ayudará mucho que el corrector actue con gran afecto, un afecto que se pueda reconocer”.

IV.- Heroísmo: concebir “grande deseos”, siempre se puede aspirar a más: “los que deseen distinguirse irán más allá”.

Fundo una organización ágil y con visión global, que iba por faena, “un hombre realmente mortificado necesita sólo un cuarto de hora para unirse con Dios en oración”. En la que el empoderamiento era esencial: “la experiencia enseña que el hombre acoge con más entusiasmo lo que el mismo descubre; por lo tanto, bastará con señalar con el dedo la veta de la ina y dejar que cada uno escave para sí mismo”. Dijo a uno de sus seguidores: “deseo que en el futuro haga usted sin escrupulos lo que su buen juicio le diga que ha de hacer de acuerdo con las circunstancias, sin tene rne cuenta lo que digan las reglas y ordenanzas”. Era partidario de “no rechazar al talento ni al hombre de calidad” con independencia de su origen. De tomar las decisiones “considerando, como su estuviese de punto de morir, que procedimiento y norma querrías haber seguido”.

Todo esto, y mucho más, determina lo que los jesuitas denominan “nuestra manera de proceder”, que les hizo banco fácil de las luchas de poder, lo que llevo a su disolución papal desde 1773 hasta 1814; y, entro otras, a su expulsión de nuestras tierras por Carlos III y después por la II República.

Una frase de San Ignacio muy conocida es la de “en tiempos de desolación no hacer mudanza”; que quiere decir que en situaciones de crisis mejor no tomar decisiones drásticas; pero tal ves es cuando se han de tomar, con conciencia y sentido común.

Para finalizar, una recomendación y una reflexión del Santo: “alcanza la excelencia y compártela”, y “¿de qué sirve ganar el mundo, si al final pierdes el alma?”

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