LEGADO EN LIBERTAD (ViaEmpresa 2/8/26)

Cuando pensamos en el legado de una familia empresaria muchas personas piensan en acciones, patrimonio o continuidad. Pero, quizás el legado más importante que los padres podemos dejar a los hijos es uno mucho más valioso: la libertad de escoger el propio camino. Incluso cuando este no pasa por la empresa familiar.

Las noticias relativas en la declaración del psiquiatra al triste caso Andic más allá de componente judicial -sobre el que hay que ser prudente respetando la presunción de inocencia- dan pie a reflexionar, dejando aparte el caso concreto, sobre cuestiones en las que con frecuencia me he encontrado en las familias empresarias con las que colaboro.

Querer tener un proyecto propio no tiene que interpretarse como una traición. Querer emprender fuera de la empresa familiar puede ser una muestra de madurez, no de deslealtad. He visto que más de una familia empresarias lo vive con dolor. Olvidando que la principal característica de los fundadores fue el emprendimiento. La continuidad de la empresa y de la unidad familiar no necesariamente va ligada a la continuidad con la empresa familiar.

Sería paradójico que quién creó una empresa gracias a su libertad negara esta misma libertad a sus hijos. Pero esto no quiere decir que los descendentes tengan derecho per se a un espaldarazo económico, ni que los predecesores tengan la obligación moral de financiar cualquier iniciativa. Hay demasiados casos de predecesores que avalaron indebidamente proyectos filiales por motivos emocionales.

La dependencia económica puede deteriorar la relación familiar. Si el continuador precisa de la aprobación constante del predecesor para llevar adelante su proyecto, o mantener su nivel de vida, la individualización no se puede llevar a cabo. Querer comenzar un nuevo proyecto pensando en que se tiene derecho al apoyo económico por razón de sangre puede generar frustración. Por eso recomiendo que se establece con anterioridad unas normas y procesos objetivos para apoyar el emprendimiento. No hay autonomía personal cuando toda decisión necesita una autorización económica subjetiva.

El relevo generacional también consiste en dar autonomía. Se tiene que dejar, de forma controlada, que los continuadores se equivoquen con sus propios proyectos. He visto más un caso en que en realidad se trata como niños pequeños a gente adulta. Proteger o controlar con exceso puede ser perjudicial, por la persona, por la familia y por la empresa. Educar un futuro propietario responsable no consiste a decidir por él, sino a prepararlo para que pueda decidir por sí mismo.

El patrimonio no garantiza la unidad. Es la comunicación el que hace vínculo. Las noticias sobre la declaración del psiquiatra en sede judicial hace enmienda de posibles soluciones económicas para mejorar las relaciones paterno-filiales. El dinero pocas veces resuelve los conflictos emocionales, de desconfianza o falta de comunicación.

Una constitución (protocolo) familiar, un consejo de familia activo y los asesores independientes poder ayudar a gestionar los conflictos. Pero muchas veces “en casa del herrero, cuchara de palo”. La experiencia me ha enseñado que los conocimientos y la teoría no son suficiente, también hace falta voluntad honesta por parte de todos.

El relevo no se solo transmitir patrimonio. Estas reflexiones nos recuerdan la importancia de transmitir autonomía, unidad y propósito. En mi opinión el mejor legado que una familia empresaria puede dejar no es una empresa para los hijos la continúen, sino unos hijos suficientes libres para que decidan cuál es su propio camino. Y bastante unidos porque, sea qué sea este camino, continúen siendo una familia.

Para iniciar a la reflexión, planteo una cuestión: ¿cuál es la posición a vuestra familia empresaria sobre todas estas cuestiones?

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