RESISTIR, REINVENTARSE O RETIRARSE(Penedés Econòmic 28/2/25)

Últimamente hay muchos artículos sobre el nuevo escenario creado por Trump con las barreras arancelarias, sus deseos expansionistas (Canadá, Groenlandia, Canal de Panamá), sus ideas que pueden parecer de “bombero torero” como la reurbanización de Gaza y otros. Muchos analistas opinan que Europa se ha de poner las pilas si quiere sobrevivir en un mundo dividido entre EEUU, China y Rusia.

¿Y que deben hacen las familias empresarias? Parece que la inmensa mayoría de ellas poca influencia pueden tener de forma individual para cambiar la situación (las de Elon Musk pueden ser una excepción). Los acontecimientos externos forman parte de las amenazas y oportunidades que debe tener en cuenta todo plan estratégico. Que sean una cosa u otra puede depender del sector económico, de la dimensión de la empresa o de con que paso nos coge. Por ejemplo, no es lo mismo una granja porcina de ámbito local con alto endeudamiento que una tienda de Zara (¡Inditex también es una empresa familiar!).

Dicen que hay que hay que alejarse de los catastrofistas, y que un optimista es un pesimista mal informado. También que si un problema no tiene solución ¿para que preocuparse? y si la tiene ¿por qué preocuparse?; pero la empresa i la familia propietaria deben en todo momento planificar como minimizar los prejuicios y como maximizar las oportunidades, recordando el espíritu de los fundadores con un triple objetivo: crear empresa, preservar patrimonio y mantener la felicidad familiar.

Viktor Frankl nos demostró que cuando no podemos evitar lo que ocurre siempre podemos decidir como reaccionamos. Y las empresas tienen tres estrategias básicas de reacción ante los acontecimientos: resistir, reinventarse o retirarse. Hay que decidir cual es la más adecuada pensando en el largo plazo, y asegurando que se dispone de los recursos de todo tipo necesarios para recorrer el camino. La caja es uno de ellos; mientras hay caja hay esperanza.

Decidir que estrategia seguir es importante pero no suficiente, además hay que planificar como llevarla a cabo. Determinar quien hará que, cuando y cómo. Es mejor una mala estrategia bien ejecutada que una buena mal ejecutada, ya que en el primer caso se efectuarán las rectificaciones oportunas.

En definitiva, las familias empresarias deben asumir que la incertidumbre continúa siendo una constante; que hay que adaptarse manteniendo el norte a largo plazo, con una gestión prudente de los recursos que no impida asumir riesgos; algo así como nadar y guardar la ropa o sorber y soplar al mismo tiempo. Para continuar siendo familia empresaria hay que no solo sobrevivir, sino también prosperar en un mundo en constante cambio. Lo difícil no es decirlo, es hacerlo. Ánimo,

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